Lentas

—¡Feliz cumpleaños, hermano!—Gracias, viejo, gracias. Parece mentira. Te alcancé. Cinco décadas ya.—No se te ocurra decirlo así, suena fuerte.—Es que la vida es fuerte. Nosotros somos fuertes.—Cierto. Todo lo que aguantamos. Hasta la peste y más. Aquí estamos, vivos y coleando, hermano.—Y vamos por más, viejo.—Epa, eso era lo que yo siempre te decía, cuandoSigue leyendo «Lentas»

Recuperación

Varios bibliófilos habrán leído “A la búsqueda del tiempo perdido”. Otros varios conocerán apenas el título. Muchos otros ni siquiera saben qué es eso. Sea lo que fuere, está cargado de evocaciones y sentimientos. Esto es lo que veremos a continuación, sin pretensiones de crítica literaria proustiana. ¿Qué sucede cuando los recuerdos están llenos deSigue leyendo «Recuperación»

Retorno

Hoy regreso a casa.Hoy vuelvo a pasar por la puertaque siempre me vio en las mañanas.Hoy me reintegro a mi vida pasadasin pesos ni penas que doblen mi espalda.Me gusta sentir el tufillo atunadode tantos cajones que llenan el sótano.Me encanta palpar el mantel satinadoque cubre el trinchante de roble muy sólido.Todo retorna tan fácilSigue leyendo «Retorno»

La despedida

Tic-Tac. Tic-Tac. Comenzaba a amanecer. El tono arrebol del cielo entraba por los ventanales, señalándome sin misericordia la salida de tu habitación. A mí, que me abrazaba a tu cintura, en un último intento por sentir el calor de tu piel. Era tarde. Y tenía que huir: de lo nuestro. De ti y de mí.Sigue leyendo «La despedida»

Cosas de barrio (el Quedado y el Toronja)

En el almacén y bar de don Medina, aquel de la esquina, se reunían casi todas las tardes el Quedado y el Toronja. Los vecinos siempre comentaban que no podían creer cómo dos botijas tan distintos podían ser amigos. Parecían el agua y el aceite, pero eran uña y carne. Vivían discutiendo por bobadas, peroSigue leyendo «Cosas de barrio (el Quedado y el Toronja)»

Cuarentena

Seducen las sedosas sábanas del blog.Tienta el tic-toc estentóreo del teclado. Bien besar a mi bella quisiera.Apenas palparla se puede en su imagen. Burla el sentido de toda una vidaquedarse atrapado en un mar tan virtual. Desespero con ansias por una salidaque lleve a volver a una senda vital.

Novia por…

Amaranto se agarra la cabeza, sentado en la mesa de su bar favorito. Resolvió tomarse una semana libre en los rodajes. Le viene bien tomar un poco de aire puro. Aunque él, de puro, no tiene mucho; muy por el contrario, le atraen los excesos. Mientras termina su cerveza se le acerca una gringa solitaria.Sigue leyendo «Novia por…»

Revolea

Que se vaya a la mismísima… No la voy a soportar ni un minuto más a esa. Ya no existe para mí. Voy a hacer la mía. A salir, a conocer, a aprovechar. Tener novia, yo. ¡Ja, ja, ja! Después de todo el tiempo que estuve con esa. Después de todas las noches que paséSigue leyendo «Revolea»

Agreste pena

Las aguas del Plata se mecen con mucha tristeza y grisura. Marea que no compadece si viene con tanta negrura. El césped que huele a salvaje no puede ocultar tu gran pena. El árbol de denso follaje lamenta esa lágrima plena. Muchacho de piel tan cetrina,extraño en tus pagos extensos,¿con qué tu mirada se animaSigue leyendo «Agreste pena»

Corazón aliviado

Hoy murió un amor. No hay nada de qué hablar. No me quiere hablar. Y francamente, yo tampoco. No me inquieta ese silencio. Me agrada, me acalla. No me ametralla. Rebota. Si me insulta, me resbala. Si no hay ningún milagro, pero milagro en serio, esto ya se acaba acá. Pero, ¿y la ilusión? EsaSigue leyendo «Corazón aliviado»

Cosa de (b)ella, ¿y qué?

Se acabó. Ahora sí que se terminó. Que se vaya al diablo ese imbécil. Voy a empezar a vivir mi vida. Tenía razón mamá. Un mentiroso. Un sátrapa. ¡Un vividor! Porque otra cosa no se puede decir. Me tenía viviendo en esa casa. Que todas las noches lo esperase. Pronta para él, obvio. Encima, aSigue leyendo «Cosa de (b)ella, ¿y qué?»

¿Volver a vivir?

El resplandor del amanecer me desvela como una caricia. No quiero despertarla, prefiero que descanse tranquila después de esta semana agotadora. Hace apenas diez días que estamos juntos. No ha dejado de correr de arriba para abajo, de ir y venir haciendo cosas, de arreglar cada rincón para que parezca como nuevo. Y es queSigue leyendo «¿Volver a vivir?»

Bendita tierra

Oh, tierra de vida, tan llena de gracia,con aguas benditas de peces brillantes,con tanta criatura de gran acrobaciahuyendo del vil cazador acechante. Tus aves magníficas traen la aurora,tus seres salvajes anuncian la tarde.Excelsas memorias de prados de otrora,un credo ambiental que a todos nos arde. Te damos las gracias por darnos cobijo,con nuestras palabras asíSigue leyendo «Bendita tierra»

Electa

El futuro pendía de un hilo.Se debía laborar con sigilo.A lograr una gran transición.A impulsar una limpia visión. No dormía desde hacía semanas.No quería que se hicieran macanas.Anhelaba contribuir al gran cambio.Del pasado, no quería resabios. Los esfuerzos se vieron premiados.Resultados por todos loados.No fue candidata: fue electa.Por justicia, del pueblo dilecta. Escribo estas líneasSigue leyendo «Electa»

El manojo

Supongo que siempre lo supe; un día iba a terminar llamando a esa puerta. Una casa de balneario en Floresta, con un jardín al frente, si es que se le puede llamar jardín a un pequeño rectángulo enrejado en el que apenas caben una rosa china y dos o tres ridículos enanitos cubiertos ahora deSigue leyendo «El manojo»

Ducha de pena

Cae y se desliza. Se siente, pero escurridiza. Parece firme, pero pide paso. Intento abrazarla, pero no hay caso. Es como la esperanza que se me escapa entre los dedos. Esperanza, ¿adónde te fuiste? Desespero esperando que me mires. Nada más que eso espero. Y nada menos. Porque la manera que me mirabas en laSigue leyendo «Ducha de pena»

Canguro del futuro

Con su mochila cargada de los restos de ese extraño objeto interestelar, la mamá canguro se rascó el pelaje fluorescente y se encaminó, a saltos, hacia el refugio nuclear abandonado. La descripción de aquel lugar le resultaba inefable. Predominaba el ambiente grisáceo, y los demás canguros le esperaban con cautela; se encontraba en el «CentroSigue leyendo «Canguro del futuro»

Me(n)sura

Ayer cumplí catorce. Estoy muy alto, crecí mucho hace poco. Y estoy tranquilo, solo, en el jardín de atrás de casa, cómodo y fresco. Nadie me molesta. Camino tranquilo. Descalzo sobre el pasto. La gramilla me cosquillea. Me mido tranquilo. Me tanteo tranquilo. Más cosquillas. Desde los doce tengo la costumbre de medirme con losSigue leyendo «Me(n)sura»

Viejo a los veintiuno

No puede ser. Siempre tropezando con la misma piedra. No cambia más. Otra vez Tahir la engañó con la primera que encontró. Igual que aquel otro, el petiso desacatado, no aprende más. Se les tira encima sin pensar. No como yo, que ahora estoy en otro plan, más tranquilo. Ya no es como en aquellosSigue leyendo «Viejo a los veintiuno»

Primeros tantos

Mauro se instaló en la puerta y la esperó a que llegara. Ahora, solo ella le importaba. No le interesaba haber sido el goleador campeón de la cancha. Ahora buscaba otra cosa. Ya no soportaba más así, sin poner en práctica de una vez lo que él sentía como su hombría. Era apenas un cachorroSigue leyendo «Primeros tantos»

Seísmo de sábado

Amanece por la celosía. Tahir entreabre los ojos, todavía rojizos. Se los frota con fruición. Sabe que dentro de un rato le traen a Tomás. Precisa ese rato para volver en sí. De la resaca de sexo soez. Del grosero galope goloso. Pero ese rato no es otra cosa que… la mañana después. Impío vacío.Sigue leyendo «Seísmo de sábado»

Eppur si muove

Estoy huyendo y no puedo. Estoy desesperado y no sé de qué. El aire me falta, la garganta se me ahoga. Siento que me fallan las fuerzas. … eppur si muove Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Mis afectos se fueron casi todos. Solo me queda la esperanza de no fallarles a los queSigue leyendo «Eppur si muove»

Mucho verso (de) nuevo

A veces, (ning)una palabra cambia el sentido. Por (no) decir algo disparatado, (nada) he sufrido. Más de uno (dirá que este) está en crisis, no sabe lo que dice. Termino de escribir mis líneas, y (ya ni siquiera) sé lo que hice. Abramos la cabeza (con) un poco más (de paciencia). Sabemos muy bien queSigue leyendo «Mucho verso (de) nuevo»

El nudo

—¡Ay, Floriana, me quiero morir, ese nudo…! —Pero, Celina, te lo até como me pediste, bien alto a la cintura, con… —No seas boba, vos sabés que te estoy hablando del otro nudo. —No es nada, apenas… —Dejate de inventos, ¿querés? Te hablo del nudo que me quedó en el pelo, abajo del tocado. ¡JustoSigue leyendo «El nudo»

(Re)escribiendo al macho

Un ave negra sobrevuela la plaza, como un ominoso presentimiento. Las nubes oscuras velan un interrogatorio inquisidor. Allá abajo está el macho del barrio. Tirado en un rincón de la plaza, borracho de vino. Lo bastante como para no tenerse en pie, aunque no demasiado. Está justo a punto para taladrarle la cabeza a preguntasSigue leyendo «(Re)escribiendo al macho»

Fraterno amor

Entrando en la plaza de comidas del centro comercial, Ismael lleva tomada de la mano a Alicia. Camina rápido, encuentra uno de los últimos lugares libres; ¡qué suerte a esta hora! Tiene la cabeza llena con otros asuntos que no se arreglan tan fácil. —Isma, qué lindo que te queda ese equipo deportivo negro conSigue leyendo «Fraterno amor»

Testimonio de un loco lindo con pretensiones de poeta

Lo de lindo es pretencioso, porque de eso, no tengo nada. Lo de loco es un poco más coherente, porque la gente me escucha decir cualquiera. Pero cualquiera se puede dar cuenta de que estoy, digamos, extrovertiendo algo de lo mucho que tengo para dar. A veces, hasta parece poesía. Otras, música. Ayer terminábamos deSigue leyendo «Testimonio de un loco lindo con pretensiones de poeta»

Bolso a nado

Floripa en setiembre. Nunca pensé que iba a venir. Pero ahora, prefiero así. Porque después de las elecciones de octubre quién sabe cómo va a estar todo por acá, justo este año… Conseguí que Noa y Facu me acompañen. Siempre se cuelgan cuando es Floripa. Nos vinimos con muy poca plata. Vamos a ver siSigue leyendo «Bolso a nado»

Treinta y poco

Ella corre la cortina, que entre sol. Se agacha junto a él, le acaricia los pectorales bien trabajados, le habla al oído. —¿Vas a quedarte a desayunar, mi negrito? —Mmmh… ah, buen día. ¿Qué hora es? —Mi negro, ¿modosito te pusiste hoy? Anoche estabas tan apasionado… —¡Las diez! Se me hace tarde para empezar miSigue leyendo «Treinta y poco»

Qué tímida manito

No me animo a mirarla. Ni menos, a nombrarla. Pero allí está, la mano de ella extendida hacia el costado. ¡Dios mío, qué momento! Estamos ella y yo acá, sentados en el mismo asiento del tren, y no me animo. ¡Pensar… la de veces que pasé a propósito frente a la puerta de su casa!Sigue leyendo «Qué tímida manito»