Para buscarte,
mis ojos se propagan como los de un búho.
Mujer,
yo fui un búho una vez.
Y surqué tanto bosque y sabana
incinerando con lo anaranjado del ojo
la oscuridad donde habitabas.
Mujer,
aquel búho con orejas triangulares,
parece susurrarnos lo que esperamos oír.
Los búhos se vuelven sólo pico
en la tempestad negra de la noche;
Y se escuchan por las madrugadas
los picotazos como golpes de espada,
estrellándose en vísceras ajenas.
Mujer,
cuántos picotazos tengo que asestarle
al silencio que nos separa.



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