Un instante antes de despertar, intuyes el llamado gravitacional del mundo. Sabes que queda poco tiempo, y tu instinto te dice que te aferres a lo que puedas. Te estiras hasta donde tus confines lo permiten, sientes un cuerpo que te contiene y cuya forma no logras nombrar. Allí, donde tu envoltura se toca con el mundo, aparecen estantes llenos de frasquitos de colores, cada uno marcado con signos desconocidos. Intentas tomarlos, pero se desvanecen con tu tacto.
Tratas de decir algo, pero apenas pronuncias una palabra, ésta deja de existir y se convierte en sonido vacío. Lanzas ecos hacia la nada y te vas vaciando poco a poco, despides una a una tus capas hasta que te abandonan el miedo y la razón, y solo queda un pulso vital en un cuerpo informe.
Te hallas en un valle rodeado de montañas. Sus formas curvas y alargadas recuerdan a los picos de los tucanes y, por sus faldas, ríos de colores imposibles corren hacia arriba. Se muestran lejanas, pero están tan cerca que podrían acariciarte si quisieran, y desaparecen cuando las miras de frente. Entre un pico abierto, una carretera se pierde en la distancia. A lo lejos, oyes estallidos, uno tras otro, como los pasos de una criatura colosal que se aproxima desde el origen de los tiempos.
Alguien llama tu nombre. Te llaman Giulia, Kael, colibrí, ajolote, raíz, medusa, abedul. Los estallidos están cerca, puedes sentirlos detrás de ti. Entonces, una fuerza te arrebata desde atrás, te arrastra por la carretera a toda velocidad; tú vas cayendo en horizontal y presencias impasible los paisajes que mutan y se superponen ante ti: dunas de arena oscura, océanos de hielo, los montes sagrados de Druk Yul, las calles infartadas de una capital del tercer mundo.
Una caricia tibia te trae de regreso, un tirón que se siente como un hogar. No recuerdas, y no tienes por qué. Despiertas, te estiras en un cuerpo familiar y te convences de que siempre has sido y serás lo mismo. No puedes nombrarlo, pero algo en tu pulso vital te dice que mañana, quizás, serás otra cosa.

Paula Obeso
tallerdehistorias
Leer sus escritos


Deja un comentario