A ti, que te han negado cinta para reparar tu ala:
déjame coserte una de mis plumas
y soplar con más fuerza para ver
si así te llega mi viento.
A ti, que entregaste prestado algo sin vuelta
a quien no supo pedir permiso:
déjame regalarte tantas lágrimas
como heridas hayan de sanar.
Déjame apartarme hacia la izquierda
en una senda de piedra pulida
y déjame subirte de la carretera
evitando más de sin seguro golpes.
Déjame sentarme a tu lado cuando las piernas te fallen
en uno de los tantos kilómetros que tuviste que recorrer
aun con llagas y callos en los pies.
Déjame decirte que nadie espera
que un maniquí rompa su escaparate,
ni una pieza, su vitrina;
deja que fotografíen tu alma y la cuelguen
y que pinten tu llanto, óleo sobre lienzo,
y cuando llenes tu mano de vidrio fragmentos,
rasgues con ansias el cuadro
que osaron firmar con tu sangre.



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