Me gustaba, la quería, la amaba. Era la persona más sensacional que había conocido nunca. Una vez, cuando estaba en las escaleras de su portal acariciándole la tez, y colocándole el pelo por detrás de la oreja, le propuse:
—Pídeme lo que quieras.
—Tráeme la luna —me respondió.
Le dije que me esperara al día siguiente en ese mismo sitio poco antes de que dieran las diez. Nos despedimos. Esa misma noche cogí una gran escalera, una inmensa manta, y con la cabeza mirando hacia otro lado para que no me cegara la luz, abracé la luna para atraparla y me la llevé a cuestas.
Al día siguiente, en las escaleras, destapé la manta y puse a Selene en su regazo.
—Cielo santo… ¡Es lo más hermoso que he visto nunca! Gracias. Es increíble. Pero, lo siento. No puedo amarte. Yo quería la luna llena y me has traído un cuarto creciente.

Diego Bustos
@diegobustos_b
Leer sus escritos


Deja un comentario