Disparar contra el viento,
envenenar las palabras en nombre de la moral,
arrancar las flores, regalarlas muertas,
darle énfasis a la muerte, celebrarla.
Creer que toda agonía es merecida,
creer que todo triunfo es individual.
Mostrar tu rostro real y que te reconozcas
en otras gentes grises
que miran desde arriba de un banquito
a todas las ratitas que
«no se esfuerzan lo suficiente».
Cortarte el pelo una vez por mes,
invertir en crypto abrazos, fríos como lanzas.
Asegurar que nunca golpeaste puertas ajenas,
darle brillo extra al sudor de tu frente,
alas al odio que aprendiste y enseñaste.
Criar en tu corazón un chupacabras,
arrullarlo como a un hijo y darle
de comer hasta tu conciencia.
Repetir «dejen de politizar todo»
cuando todo es político,
hasta tu nariz que huele mierda
donde crecen las flores.

Coti Molina
@cotimolgo
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