Presto a objeción
las reglas pautadas
por la contradicción adyacente
de la constricción eminente
por cual sea la solicitud deseada
en este páramo de rumores
sin principio ni final.
Qué dice de uno mismo
la propia manifestación circundante,
que justifica los parates
y modifica las causas
sin regalar tiempo,
ni cebar regalías discontinuas
más que sofocar la condición
por su manera de afrontar
el tan vacilante destino.
Peregrinación mundana
hacia lo más recóndito del alma
sin saber distinguir
entre calumnia y castigo,
se alza una salvedad extraordinaria,
un sinsentido en apariencia,
una máscara sin moral,
un ideal que se derrumba.



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