Un día serás la luz oblicua
que recuerda el polvo en la repisa,
al siguiente, sólo el polvo,
sin el halo de sol que lo revele.
Habrá una taza con tu marca tibia
en el borde del mundo,
y después ni la taza:
un espacio claro donde nadie mira.
Se desharán tus listas,
los nombres que ordenabas por costumbre,
y el cuerpo, esa casa prestada,
le devolverá las llaves a la noche.
Quedará, quizá, una anécdota breve
circulando por dos o tres bocas,
una risa sin dueño que se apague
al cruzar una calle de domingo.
Eso es todo: una huella que la lluvia
confunde con la suya.
Y sin embargo, hoy respiras.
Hazlo como quien escribe
sus historias en el aire
conociendo que el papel no existe.

Raquel Gavilán Párraga
@raquelgavilanoficial
Leer sus escritos

Replica a Anónimo Cancelar la respuesta