En el otoño,
yo también caigo.
Me desprendo despacio
de todo lo que ya no me nombra,
de lo que me cubría sin abrigarme.
El otoño no es una estación.
Es un borde.
Una grieta en la hora exacta
en que el sol decide irse un poco antes.
La nostalgia aun pegada en la piel,
como sal, como sudor,
como un recuerdo que no se deja lavar.
El otoño es la palabra
que aún no ha sido dicha,
pero que tiembla en la lengua.
Es el instante antes del poema,
y también, la lágrima después.
El otoño no se marcha: se recoge.
Se arremolina en los bordes
y canta bajito.
He aprendido a caer con elegancia
como el fruto que sabe que pudrirse
también es una forma de volver.
En el otoño,
yo también caigo.
Me desprendo despacio
como fruta madura,
como semilla que se hunde en la tierra blanda,
como memoria que parte el pecho
para que algo nuevo duerma ahí.
En el otoño,
me recojo como la tierra cuando calla.
Como la rama que ya no se esfuerza
por sostener.
En el otoño,
yo también caigo,
yo también soy hoja.
Y viento.
Y raíz que enrosca,
más honda,
más dentro,
más mía.
En el otoño,
no todo florece,
y veo la belleza en la pausa,
y coraje
en el dejarse ir.

María Peralta
mariaperalta.net
Leer sus escritos

Deja un comentario