Algo titila:
un brillo frágil en el charco solitario
de mea o gasolina
que oscila vacilante.
Yo lo miro porque no sé hacer más.
Persiste la luz ajena
atravesando ondas
ingresando a su curso natural
de oscuridad y longitudes irreales.
Nadie te mira.
Eres iridiscente y hermoso
como el oasis que atraviesa La Marina
un jueves a las cinco de la tarde
cuando sabes que te vas.
No te encuentro en el cielo pero estás
cruzando el paso del charco
hasta que desapareces
y un frío gris se instala
junto a la noche terca.
Entonces llega el rastro de los perros callejeros,
el refugio de una ciudad sin sol
entre sombras que se disuelven
y periódicos danzando en una esquina
por una última vez.

Andrea Crigna
@ukis_crigna
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