S. U. N. V.

¿Habrías agudizado lo mismo el oído
si hubieses sabido que mis suspiros
pesaban lo mismo que polvo en invierno?

Si supieses que no escuchabas el amor
no por falta de audición,
sino por falta del «te quiero»,
de ese motor,
¿habrías esperado tanto?

Porque las palabras rara vez nacen de la garganta.
Cuando lo hacen, tenaces como rama en ventisca,
endebles como tus pañuelos disueltos en mar.

Porque, eventualmente, a la fuerza olvidé nuestro lenguaje.

Según enmudecía, más imploraste mi voz.
Es bien sabido que ni el viento
ni inciertas aguas perdonan.

lhr escritora poeta

L.H.R.
@l.h.r.65
Leer sus escritos

1 visitas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas