La comida de los dientes finos y los palillos largos

Estaban todos presentes: Frankenstein, Drácula, el Hombre Lobo, la Momia y hasta hacía acto de presencia el Hombre Invisible. Una comida en los estudios de la Universal que reunía a la crème de la crème del cine de terror adolescente.

Pero había alguien más que no reconocía en aquella extensa mesa. Un hombre espigado, de rostro cadavérico, que no paraba de engullir la comida con unas ansias tremendas. No hablaba. No miraba a nadie. Solo devoraba su plato.

Nadie parecía inquietarse por él. Era como un ente aparte, mientras el resto de «actores» disfrutaba de un menú apetitoso de entrañas humanas. Fue entonces cuando lo entendí: no era un monstruo del cine, sino algo peor. Era el productor. Y tenía hambre de secuelas.

autor carlos grossocordon

Carlos Grossocordón
carlosgrossocordon.com
Leer sus escritos

3 visitas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas