Quema como estalla la mecha,
con un encendedor que se extingue al alba,
dejando en su despedida
una chispa que no pide permiso.
Arde sin rabia, sin rastro de herida.
No deja cenizas en la piel,
ni el rastro de una ciudad despierta
bajo un cielo que aprende a brillar.
Mil fuegos suben, plegarias desbocadas,
pintando el aire de asombro y latido,
rompiendo el silencio
de cristal muy fino.
La estampa perfecta,
Aún sin rigor.
Como si la noche entera
hubiera esperado solo ese instante
para abrir su pecho y dejar ver
su espectro completo
de colores y calores.

Aurora Hernández
@liveaboutit
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