Mariposas invasoras le consumieron las entrañas. Venían con la certeza primaveral que llevaba esperando cinco décadas, y que por fin le resolvió una vida de dudas que creía perpetuas. Cuando lo vió, inmóvil en el féretro, lo supo al fin: Realmente había amado a ese hombre.

Adolfo Enrique Guayara Aponte
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