Soñé que estaba cerca,
que las gaviotas me esperaban,
sonreían entre los gritos del puerto,
entre la madera tenue
y los ojos del balcón habanero y solitario
del que una vez hui.
En sus picos,
insignificantes porciones de llanto
que se disipan en el agua.
Libre y verde en lo profundo.
El mar
cansado de reclamarme
por tanta ausencia entre las olas.

Octavio Castillo Quesada
@o.castilloquesada
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