La belleza de lo minúsculo

La belleza no hace ruido,
ni entra cómo un relámpago
ni reclama su lugar en la memoria.

A veces es apenas
la luz detenida en un vaso,
una hoja temblando,
la tibieza de una taza entre las manos.

Lo pequeño no irrumpe,
permanece.

Hay una verdad humilde
en las cosas mínimas:
la miga sobre el mantel,
el pliegue de una sábana,
el polvo ardiendo
en la franja de un rayo de sol.

Nada grandioso, y, sin embargo,
algo ahí sostiene.

Quizá porque la vida
no siempre se anuncia en lo inmenso.

A veces cabe entera
en un gesto leve,
en una sombra,
en el silencio breve de algo
que no pide ser visto
y aun así resiste.

Lo minúsculo también alumbra
cómo candil en la noche oscura.

A su manera.
Despacio.
Cómo si supiera que hay fuegos
que no necesitan altura
para no apagarse.

María Peralta
mariaperalta.net
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