Antes de subir a casa, llegan los canarios.
Compartimos futbolín, frescas y
otras escarchas que no mostramos
y que se quedan incrustadas en
los manillares de equipos contrarios.
Un jugador se ha hecho comodín con los años.
Los estoicos son ellos, que no tienen
eso que yo tengo en el estómago.
Esta gripe intestinal que luego descubriré
que no, que la ansiedad se me fue de las manos.
Nos ha picado a todos el mismo mosquito
y ya compartimos la sangre que nos separaba.
Ahora somos hermanos.
Despedida colosal a un momento que será
—ellos no lo saben—,
la epopeya que sobreviva al letargo.

Estefanía Soto
@fani_conlimon
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