Autores Cuento Lluis López Sanz (España)

Al pie del pedestal

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a Ivan & Eva

Al pie de la estatua del poeta olvidado crecen líquenes, algas y monojos de moluscos diminutos que alguien riega cada mañana con agua salada;
esencia de ortigas y música silenciosa.

Al llegar a la estatua del último poeta, la gente gira y enfila el camino del puerto. Se cruzan unos con otros y nadie pregunta nada, parece que una preocupación indefinida haya acabado para siempre con cualquier interés por las cosas de la rutina diaria. Todos traen y llevan hatillos de comida, los críos están cansados, y el párroco, hombre gordo con olor a madera y ceniza, arrastra abatido por el camino un enorme crucifijo:
como si fuera una pala vieja.

En el espigón, desde que llegó aquel viejo, el tiempo es una continua tempestad, pero el anciano impertinente permanece sentado en el banquillo de palo con la mirada clavada en el horizonte impreciso; a ratos grita, gesticula, amenaza y echa maldiciones a no se sabe quién en una lengua extraña. A su lado, un perro bailón se zarandea, gruñe, ladra y corre acostado; se levanta, baila sobre dos patas, da volteretas, de vez en cuando levanta la pata y orina al pie del banquillo del viejo
incordiante y loco.

Cerca de la punta del espigón, donde el viejo se retuerce, comienza un mar que rompe con estruendo de mundo que se viene abajo, y el agua, lanzada con ruido de millones de cristales que se quiebran, se clava como astillas en el rostro del anciano y en el lomo del perro idiota, porque desde que alguien dejó allí al viejo y al perro, el mar se hizo pesadilla y se vistió color de piedra. Desde entonces, olas como torres que se envalentonan por levante, se estrellan contra las hordas bajas, furiosas y nerviosas que, una detrás de otra, llegan sin cesar desde el lado de poniente;
desde que el viejo llegó.

A lo lejos, en los chamizos del puerto, la gente tiembla apretada;
unos contra otros
nadie dice nada.

El cielo parece enloquecido: nubes de lija arañan con rabia el cielo de cartulina y, como en el mar, nubes negras se enfrentan a negras nubes que vientos aulladores separan y empujan a su antojo. El viejo de piel de serpiente –blanda cáscara de escamas-, vocifera y gesticula mientras el perro baila, gira, orina y danza su danza frenética:
en la punta del espigón.

Dicen que al viejo y al perro los trajo un velero sin bandera ni nombre.
Dicen también que la tripulación no parpadeaba y que en el puente de mando, un capitán oscuro de solapa levantada y gorra hasta las cejas, daba órdenes sólo con la mirada.
Dicen que a proa había dos muchachas cogidas de la mano, y que eran tan bellas que parecía que la luz saliese de sus propios cuerpos:
dicen.

Cuando el viejo que pataleaba y que escupía a las muchachas y su perro fueron bajadas a la fuerza por los marineros sin párpados, hay quien asegura que las muchachas sonrieron y se abrazaron, y que una de ellas apoyó su cabeza sobre el hombro de la otra; que le acarició el cabello y que le besó muy despacio en la frente, en la mejilla izquierda y en la nariz…y que en su boca se quedó largo tiempo;
ellas ya no están.

Pero todos saben que, desde entonces, el mar en la punta del espigón es hijo de la barbarie; que el cielo se revuelve contra sí mismo; que las brújulas han perdido la dirección y que la naturaleza está desorientada;
eso es lo que dicen.

Pero en los chamizos que bordean el puerto la gente permanece apretada; se cubren todos con color de telaraña, asoman sus rostros por los diminutos ventanucos que el temporal tiene desacristalados y miran sin concierto hacia la punta del espigón. Se preguntan sin palabras
que cuándo volverán las muchachas;
que hasta cuándo seguirán allí el viejo y el perro;
que cuándo dejarán de estar sumidos en aquel caos;
porqué todo es diferente pero todo es lo mismo.

Alguien que cada mañana riega el pie del pedestal del poeta de nombre olvidado, ha visto cómo la estatua ha ido girando la cabeza
hacia la calle que lleva al puerto,
hacia el mar,
hacia el horizonte;
cada día un poco.
Cada día un poco.

Imagen original de Joan López

Por: Lluis López Sanz (Escritor de Letras & Poesía) 

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