¿Con qué solemos cambiar?

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No sé como pasó pero de un día a otro todo cambió.

– Italia te ha cambiado, lo sé. El tiempo te ha dado la tregua que tanto ansiabas. Ya no eres la misma, o al menos a mi parecer. Estás… ¿como lo diría? – le interrumpí, no podía escuchar esas palabras de su boca. No, no podía ni quería. No podía echar a perder todo por lo que había luchado tanto en los últimos meses.

– ¿Qué estoy cómo? ¿Preciosa? Lo sé, no hace falta que lo jures. ¿Pero por qué lo dices? – empecé a sonrojarme, sabía por donde iban a terminar sus palabras, pero quería que me lo dijera. Que me dijera, que me veía mejor que nunca, y que no era gracias a él.

– El brillo de tus ojos ha cambiado. No me preguntes porque digo eso, pero lo veo simplemente mirándote a los ojos o en como me hablas y en sobretodo en como eres ahora. – me empecé a reír, ¿en cómo soy? Nunca se detuvo lo suficiente como para conocerme – Estás distinta, más radiante y sobretodo más feliz. Estás en tu mejor momento y eso se nota. Yo ya no soy ese chico que te volvía loco. Solo soy un amigo que te dejó marchar por miedo a enamorarse. Por miedo a que le hicieran daño. Y me alegro de haberte dejado escapar, porque tú necesitabas ese viaje más que nunca y yo, yo necesito a alguien así de maravilloso en mi vida para el resto de mi condenada existencia.

Se acercó y me besó. Donde hubo fuego ambos sabíamos que cenizas siempre quedarían.

– ¿Lo ves? ¡Incluso los besos saben distinto!

Me empecé a reír, no me podía imaginar que no sintiera nada o eso era lo que me quería hacer creer. Pero me di cuenta de que esa sonrisa le encantaba, de que le seguía volviendo loco cada uno de mis hoyuelos que tenía en la cara. Pero yo ya no era la misma, había cerrado puertas y sabía que después de las tinieblas nuestra amistad era lo más maravilloso que teníamos. Y no pensaba echarla a perder de la misma manera que él echó a perder nuestro amor.

– Mírate, mira que sonrisa tienes. Mira lo natural que te has vuelto. Esa es la chica de la que me enamoré.

– Pero esa chica no está aquí en gran parte. He madurado. Tus palabras ya no me duelen y es raro pero a la vez encantador como tú. – no se podía ni imaginar el alivio que suponía decirle todo esto – El viaje me ha cambiado porque me he encontrado a mí misma. Esa a la que echaba tanto de menos. A la única que debí echar de menos cuando te fuiste. Esa a la que única que voy a querer para el resto de mis días.

No podía parar de sonreír, y no sabía el porqué simplemente sentía la felicidad por mis venas y así lo transmitía. Él también se puso a sonreír. Me dijo que si quería ver por última vez las estrellas a su lado. Así que nos tumbamos en la hierba bajo la estrellada noche y él comenzó a abrazarme. ¡Echaba tanto de menos su olor!

Quería que supiera que lo nuestro era agua pasada, que estaba superado, pero algo en mí me decía que siguiera luchando por él. Por la misma persona que meses atrás me había en pedazos. Por la misma persona que ahora me estaba abrazando.

Pero tanto él como yo sabíamos que “hoy” no era nuestra momento, que el destino nos juntaría en el “mañana”. Que nuestro momento “ahora ”era permanecer el uno al lado del otro dejando el corazón en la caja fuerte. Cogí aire y comencé hablar.

– ¿Sabes? Gracias por haber seguido a mi lado. Por dejarme tener a uno de los mejores amigos que se puedan tener y por ser completamente sincero conmigo.

– Gracias a ti, tonta. Ya sabes que esa confianza que tenemos nada ni nadie la va a estropear. Y cállate, que para una vez que estamos juntos y no pasa nada, aprovechemos ese silencio que tanto tú y yo desconocemos.

La noche se quedó en silencio, solo se escuchaba el canto de los grillos. Me acerqué a su oído y le susurré algo.

– El destino por alguna razón te puso en mi vida. Y ahora entiendo porqué, para que aceptara que el destino sí existe, que ahí fuera tiene que estar mi Lorenzo esperando, al igual que tu Claire. Simplemente nos puso en el camino para que abriéramos los ojos, el problema es que el destino no sabía que yo no buscaba un Lorenzo. ¡Ni siquiera buscaba a nadie! Pero en esa camino, tuve la mala suerte de tropezarme contigo. – me burlé de él.

Pasó un rato, creí que no me había escuchado, me entristecí. Pero no fue así, mi corazón volvió a despertar, de la misma manera que mis sentimientos hacía él.

– Te prometo que encontrarás a tu Lorenzo, de la misma manera que yo te encontré.

Por: Edelsteine (Escritora de Letras & Poesía) 

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Aintzane Mtz dice:

    Simplemente maravilloso, encantador, estremecedor… Me han enamorado estas líneas. Mi más sincera enhorabuena.

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    1. Edelsteine dice:

      Muchísimas gracias.

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  2. Marely dice:

    Que lindo!!!! Y cartas a Julieta 😍 🙂

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    1. Edelsteine dice:

      Sí, el final era haciendo referencia a Cartas a Julieta. Muchas gracias 🙂

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