24 de Septiembre de 2005

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Me puse mi mejor vestido y te fui a buscar. Era una noche como otra cualquiera. Pero esa noche suponía el principio o el final. Tenía que hacerlo por mí. Tenía que hacerlo por ti. No podía seguir así. Por eso me puse a caminar entre la multitud. La gente me miraba, no entendía porqué, pero me daba igual. Yo sabía que para bien o para mal este era mi destino. Este era el momento de salir de dudas. Este era el momento de decirte adiós.

Llegué. No había nadie aún. Pero me daba igual, me sentía gusto. El aire que respiraba era puro y eso me traía buenos recuerdos. Así que empecé hablar sola en medio de la noche. Como otra loca más.

-Lo siento. Siento haber tardado tanto en venir. Pero tenía miedo de afrontar la realidad. De afrontar que todo esto se había terminado y que nunca más te volvería a ver. De que nunca más tus manos acariciarían mi rostro. – me di cuenta de que nunca más volvería a decir esas palabras – No tienes ni idea de lo que es no poder verte todos los días. ¡Echo de menos tanto tu olor! ¡Y tu sonrisa! – me puse a sonreír solo de recordarlo sonriendo – Eres lo mejor que la vida me ha dado y lo que más rápido me ha arrebatado. Te quiero y siempre lo voy hacer. Mis sentimientos no van a cambiar por mucho que estemos separados. Quiero que sepas, que vales oro y que me has dado los dos mejores años de mi vida. ¿Sabes lo que más echaré de menos? Tus polvos. Nadie me había hecho llegar tanto al orgasmo como tú. Siento no habértelo dicho antes. – le grité al mundo todo esto, me daba igual si alguien me escuchaba o no. Tenía que gritar al mundo entero que aquí estaba yo, pisando más fuerte que nunca.

Nadie seguía sin contestarme, pero sabía que él estaba ahí de una u otra forma. Notaba su presencia y eso era suficiente para mí.

-Quiero llorar y sacar todo lo que tengo dentro. Pero te prometí ser fuerte. Luchar ante las adversidades. Y es lo que estoy haciendo. Sé que no será un camino de rosas, que me encontraré una espina a cada paso que de sin ti. Pero no importa. Porque sé que de una manera u otra tú estarás aquí a mi lado.

Me derrumbé al escuchar mis propias palabras. Sabía que nada iba a volver ser igual. Había llegado mi fin. Mis rodillas temblaron y me caí, no tenía fuerzas para levantarme. No tenía fuerzas para continuar.

-¿Me estás viendo, no? ¿Estarás contento? No puedo levantarme, no me quedan fuerzas. No sin ti. ¡Aquí es donde debes estar, levantándome cuando ya no me queden fuerzas! ¿Te acuerdas que me lo decías? ¡Así que ven y sal de donde coño te encuentres! Para una vez que encuentro a alguien, ¡vas y te largas! ¡Te odio! – grité con todas mis fuerzas – Sí, te odio, que lo sepas. Que lo sepa todo el mundo. Y que sepas que no me arrepiento de no haberme despedido de ti. Porque si me hubieras querido seguirías aquí a mi lado.

Sabía que nada de lo que estaba diciendo era verdad, pero debía expulsar todo y cada una de las palabras que guardaba dentro de mí. O me irían consumiendo poco a poco…

Una brisa de viento acarició mi cara, era como volver a sentirle de nuevo. El polvo que había en el suelo desapareció y por primera vez pude leer

“Tus amigos y familiares no te olvidarán”
24 de septiembre de 2005.

Por: Edelsteine (Escritora de Letras & Poesía) 

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ara dice:

    Despedirse de un gran amor nunca es fácil. Al leerlo nació en mí un recuerdo de una despedida que tampoco fue fácil para mí

    Le gusta a 1 persona

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