Almudena Anés (España) Autores Cuento

Teatro de mentira

178970-Hush.-Enjoy-The-Silence

Se abre el telón y aparece un muerto en el escenario, se ha ahorcado y la gente aplaude por la interpretación. No hay detalles importantes, es un decorado sencillo pero muy bello, aunque no hay nada que destaque excepto el fondo, cubierto de sangre. Y, entonces, aparece otro hombre, esta vez, vivo.

Está llorando.

-No entiendo el porqué ni el cómo, se supone que sólo era un juego estúpido y ahora, mírate, estás muerto delante de mí y ni siquiera me vas a dirigir la palabra. Aunque eso es típico en ti, mantener el silencio que inunda esta habitación de hotel francés, escuchar el sonido de la brisa entrando por la ventana, oler la tierra mojada desde el más allá…

También se supone que éramos amigos, que lo nuestro era de verdad, que había confianza, que nos teníamos el uno al otro, pero veo que me equivocaba, todo fueron mentiras sobre un futuro brillante en el que tu foco ya no tiene sitio en mi propio plató, no dejaré que eclipses mi momento en escena… otra vez.

Sin embargo, has cumplido todas tus promesas, te has apartado a tiempo del estrellato antes de chocar con el cometa de tu ego sideral, y aún quedará para siempre tu estela en las mentes y corazones de todos lo que te conocieron porque eras un cabrón arrogante, pero eras también mi amigo… quizás mi único amigo y ahora te has ido.

Me has abandonado.

El público contiene el aliento ante la fuerza de la actuación y todas las luces de neón giran a su alrededor, pero él está muy lejos de allí, recordando a otros fantasmas que tal vez le comprendieron más en el algún tiempo pasado, intentando regresar a un teatro de la vida que fue mejor, preguntándose sobre la futilidad de representar un dolor que no es suyo en realidad… Haciendo una mentira sobre unos sentimientos extraños en contra de la promesa de ser él mismo.

Pero te diré adiós, sí, es hora de que lo haga, fiel artista de la falacia más emotiva. No puedo seguir con esto, hace mucho que te fuiste y es ahora cuando te veo muerto, el momento en que me doy cuenta de que no podré recuperarte ni aunque lo intente muchas veces más con mis poderes de héroe maldito de una ciudad llena de personas en tonos grises, el protagonista de una película en Serie B de la que tú deberías haber sido el papel principal o mi antagonista.

Estoy solo, declamando la voz de una persona que no soy yo, sin amigos, sin familia, sin amantes… sin nadie a quien recurrir en las noches más oscuras, buscando consuelo o calor en brazos ajenos a cambio de unas miserables monedas. Me siento triste y dejado por quienes a los que dispuse todo lo que tenía, como tú, mi terrible y amado amigo… Roto todo en el suelo, yaciendo desnudo a la incertidumbre de pronunciar tu nombre y experimentar algo más.

Hay que terminar de una vez la función.

Toca la cuerda de su amigo, azul y deprimente, con las venas en el cuello reventadas y los ojos salidos de sus órbitas, asfixiado de realidad probablemente, el diagnóstico más convincente. El otro hombre se va discretamente, sus acciones serán un misterio a desvelar al término de la obra… Por eso, nunca se sabrán…

Pero la gente aplaude con fervor, siguen aplaudiendo y lo harán eternamente, siempre, siempre como marionetas, marionetas, marionetas… porque no comprenden, no…

Y nunca lo harán.

Por: Almudena Anés (España)

historiasdel98porunadel13.wordpress.com


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