El silencio retumba por un segundo,
y la magia de un beso
penetra el misterio.
De dar lo que no tenemos
y recibir un te quiero.
El desliz de las caricias
tan pautadas pero tan cautivas,
aumentan las sonrisas.
Hierve la pasión
y se desnuda el deseo.
Pasa el tiempo
pero todo es eterno,
y sin querer nos perdemos.
Los ojos vendados
se abren a un milagro.
El murmullo de lo incierto
palpita en nuestro pecho,
y lo inseguro se vuelve un credo.
Un beso en la frente
y todo se estremece.
Seguimos huyendo,
corremos en el desierto
de un mañana sin regreso.
Volvemos a la rutina
con fervor y sin medida.
Mano contra mano,
entrenzamos nuestros cuerpos
por que quizás todo esto sea solo un sueño.
Las caricias con los dedos
van borrando los mal recuerdos,
siendo el momento perfecto.
Donde todo es seguro
y para nosotros hay un remedio.
Y así de fácil,
volvemos a la rutina
con fervor y sin medida.
Sabemos lo que queremos,
queremos lo que no sabemos,
juntos nos vamos lejos.
Un beso en la frente
y todo se estremece.
Las dudas despiertan,
nuestros miedos se levantan,
ya hay un problema.
Los ojos vendados
se abren a un milagro.
Rostro contra rostro,
suspiramos muy despacio,
dejando las voces a un lado.
Y así de fácil,
hierve la pasión
y se desnuda el deseo.
Pero frenamos el impulso,
y la realidad de aquel beso
decifra nuestro miedo.
De dar lo que no tenemos
y recibir un te quiero.
Así nos alejamos,
no nos entendemos,
y al final no hablamos.
Sabiendo que aquel momento eterno,
será tal vez nuestro mejor y único recuerdo.


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