Atajos de amor

Desconocemos el sabor

del dulce amargo,

de aquellos segundos

elegidos para desperdiciarlos.

Aceptamos el ácido

que acelera nuestro ritmo

de momentos eufóricos

hacia la utopía del ser el elejido.

Creemos las mentiras

que nuestros ojos iluminan,

pero el veneno hipnotiza

nuestra vista de las grimas.

Olvidamos el brusco movimiento

de los roces plácidos

que derraman un fuego

en el infierno interno que va ardiendo.

Y así las cenizas excesivas,

Se multiplican en cifras

Increíblemente sumisas,

Y recaen sobre aquella maravillosa pesadilla.

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