Las apariencias engañan

Estaba tumbada en el sofá como de costumbre, en la tele no ponían nada interesante. Da igual el canal al que cambiara, que ni en la tele ni en mi vida había nada emocionante. Pero lo que no sabía es que eso iba a cambiar. Me dormí en el sofá, total, estaba demasiado cómoda como para levantarme a la cama. Un ruido fuerte me sobresaltó, alguien estaba golpeando mi puerta y no cesaba de hacerlo. Me asusté y opté por no abrir, pero la persona de fuera, insistía. Conforme me levantaba del sofá oí unos gritos, que me desvelaron completamente.

¡Abra la puerta por favor! – me decía una voz temblorosa y potente, algo en mi hizo que pusiera la mano en el pomo de la puerta, aún sigo sin saber que fue lo que pasó, pero abrí. Quizá debía haberme estado quieta, pero ya era demasiado tarde, la curiosidad pudo conmigo. – Gracias por abrir.

De repente alguien entró a toda fuerza en mi casa y sin darme cuenta me golpeó y yo caí al suelo. Tuve que estar inconsciente, porque lo único que recuerdo después de la caída, fue que aparecí en el sofá, del que nunca tuve que haberme levantado, atada de manos y pies. Cuando noté la situación en la que me encontraba, forcejeé con todas mis fuerzas, pero era inútil, por más que me moviera yo seguía igual. Opté por dejar de moverme, debía conservar las pocas  fuerzas que me quedaban.

– Es inútil que te muevas, no vas a conseguir escaparte. Así que yo en tu lugar conservaría fuerzas. – me dijo un joven que se sentó a mi lado. ¡Era el mismo joven que minutos antes estaba aporreando mi puerta!

Tuve que poner una expresión extraña porque el joven al verme se asustó. Ahí vi su inocencia en los ojos, pero su compostura seguía intacta.

Toma, te he traído agua, después del golpe, estarás deshidratada.

No entendía nada. ¿Por qué coño abrí la puerta?

Puedes estar tranquila, no pienso hacerte daño.

No sabía que pensar, por un lado me sentía aliviada pero por el otro…. ¿Qué quería de mí? ¿Qué pintaba yo en todo esto?

¿Quién eres? – fue lo primero que conseguí gesticular.

¡Por fin hablas! ¡Pensé que eras muda! – le parecía graciosa esa situación – Mejor que no sepas mi nombre. Cuanta menos información conozcas de mí mejor, es por tu seguridad. – ¿Seguridad? Me miré de arriba abajo, ¿estar atada era estar segura? Aunque a ser verdad, si que conocía su nombre. Sabía quién era mejor de lo que él conocía. – Te preguntarás como he llegado aquí, pues me perseguían unas personas, vi desde fuera que la luz de tu casa estaba encendida, así que sabía que eras la última oportunidad que tenía para salvar mi vida. Así que gracias. – suspiró – De nuevo.

Seguía sin comprender nada, me había dejado con la misma incógnita, pero algo me decía que su vida también era una incógnita para él. Lo vi levantarse del sofá, del que nunca debí levantarme, cosa que no hacía más que repetirme. Pero por primera vez en mi vida, tenía la adrenalina en mi cuerpo. Sentía algo inexplicable y tenía que ver con él, con ese joven… Me puse a mirarlo fijamente, a inspeccionar su cuerpo. Le vi un tatuaje en el muslo, hasta ese momento no me había percatado de que estaba en calzoncillos. Creo que se dio cuenta de que le estaba mirando y se puso colorado. Era demasiado guapo.

Siento no llevar pantalones, los he puesto en la lavadora, tenía que quitar los restos de sangre. Espero que no te importe.

¿Sangre?

Ya te he dicho que cuánta menos información sepas, mejor. – eso era lo quería que él creyera.

Era inútil comprender que hacía un desconocido en mi casa, era inútil saber que hacía yo ahí, era inútil intentar entender porque todo esto me resultaba excitante, todo era inútil. Así que seguí observándolo detenidamente. Después de ver ese tatuaje de una serpiente enrollada a ese muslo, muy poco favorecedor para mí gusto, lo que más resaltaba era que llevaba una camisa blanca impecable y que resaltaba con su moreno de piel. Me moría de ganas por saber lo que ocultaba esa camisa. ¿Pero en qué estaba pensando? Yo aquí atada y solo pensando en querer quitarle la ropa. Como vi que no se percataba de mi introspección hacia su persona, le miré a los ojos, tenía un color verde intenso, jamás había visto unos ojos tan expresivos como esos. Sus labios eran rosados, ¿a qué tendrían que saber? Tenía unas facciones perfectas, podría haber sido modelo si él hubiera querido. ¿Pero quién me decía a mí que no lo era? Su pelo era negro como el carbón, lo llevaba corto, supongo que para correr y entrar en casa ajenas. Estaba sonriendo, así que inmediatamente me puse a sonreír. No era el plan de domingo que esperaba, pero era mejor que cualquier otro, porque estaba él.

¿Me prometes que si te desato no te irás corriendo ni llamarás a la policía? 

Vale. – sabía que no se lo iba a prometer, pero necesitaba encontrar respuestas – Gracias. ¿Quién eres?

Te he dicho que cuanta menos información tengas de mí mejor. – resopló. Pero yo insistía. – ¿De verdad quieres ponerte en peligro?

Solo quiero saber quien eres, nada más. Eso no me pondrá en peligro. La gente que va por la calle sabe quien eres por como andas, por como miras, por como respiras. Solo dime algo más de ti.

Eres extraña, pero me resultas conocida. Bueno… – le vi que no tenía ganas de contestar a esa pregunta, pero esa era la única opción que le quedaba. Me levante del sofá y cogí el teléfono, él vino corriendo hacia mí y me lo quitó. – Vale, ¿qué quieres saber?

¿Por qué te perseguían? ¿Qué hacías con sangre en los pantalones? ¿Qué quieres de mí? – había miles preguntas en mi cabeza, pero solo se me ocurrieron esas.

Soy ingeniero y estaba en mi casa cuando unos asaltantes entraron a quitarme unos planos de una central nuclear que tengo. Cogí los planos, ahí están. – vi que estaban encima de la mesa, por ahora no me estaba mintiendo, o eso parecía – Salí corriendo con todo lo que pude, pero antes de salir maté a uno, por eso la sangre en mis pantalones. ¿Y qué quiero de ti? Esa respuesta créeme que aún sigo sin saber responderla.

Yo si sabía lo que hacía en mi casa, yo si sabía lo que iba a pasar.

¿Y tú? ¿Por qué intentas aparentar miedo cuando en realidad parece que has vivido con esto toda tu vida?

Las apariencias engañan. – me habían contratado para hacer algo, pero estaba empezando a dudar de mí misma. No sabía que hacer, sino hacía nada me mataban y si lo hacía le mataban a él. – No debiste llamar a la puerta, no debiste contarme eso y no debiste desatarme.

¿Por qué?

Trabajo con los que asaltaron tu casa, que yo estuviera despierta, que llamaras a la puerta, que pasara todo lo que ha pasado, estaba planeado. Te he dicho que las apariencias engañan. Si que es verdad que tengo miedo, pero no de ti, de mí. De no poder hacer el trabajo, de que algo me está impidiendo matarte, y nunca antes me había pasado esto. Soy infalible.

Salió corriendo del sofá, pero me dio tiempo a cogerlo del brazo, se dio cuenta de que tenía más fuerza de la que aparentaba. Nos caímos los dos al suelo. Mi cabeza golpeó contra el suelo y vi que salía sangre de ella. Le vi asustado.

Tranquilo, puedes irte, es lo que haría yo. No me va a pasar nada. – me cogió en brazos y me puso en el sofá, me di cuenta de que no se merecía sufrir más. Sus ojos mostraban pena.

Caí inconsciente y cuando me desperté, ahí estaba él.

No pienso irme a ningún lado. ¿Cómo estas? – no me había quitado la vista de encima.

Bien, gracias. Puedes irte. Diré que he fracasado en mi trabajo, que me golpeaste al entrar y que quedé inconsciente y cuando me desperté te habías ido.

No, no me iré sin ti. Sé que detrás de todo eso que escondes, está una mujer que arde en deseos de conocer otra vida que no sea esa, y yo, yo quiero que la conozcas.

¿Sólo me conocía de hace unas horas? Comenzaba a dudar de que no. Me levanté del sofá, intentando acercarme él, pero me lo impidió, así que tiré de él sobre mí y le besé. El joven al que estaba besando era él, era él mismo que hacía 15 años le había dicho que volviera a por mí. Se levantó sobre mí con una cara…

¿Tan mal beso?

Esos labios… esos labios los he besado antes. A ver no digo hace poco, sino hace muchos años, me traen un recuerdo “especial” y “amargo”.

Sonreí, se acordaba. Pero decidí que no debía contarle que le había estado esperando toda mi vida, que tenía planeado también ese momento.

He estado 15 años esperando que me dijeras eso. – sin querer lo dije en voz alta.

Nos fundimos en un beso, hacía tiempo que no me sentía así o que nadie me hacía sentir así. Vi como sus manos subían hasta quitarme la ropa, yo comencé a desabrocharle la camisa. Me cogió en brazos y nos fuimos a mi habitación. Me dejó tumbada en la cama, comenzó acercarse a mí y me susurró al oído.

– No son 15 años, son 12 años los que llevo esperando esto. Los que he estado esperando para tocar esa puerta. – sonreí con cada músculo de mi cuerpo. Lo sabía, sabía quien era yo desde el inicio.

La noche transcurrió de la mejor manera. Solo notaba sus labios, sus besos, sus manos. Me había olvidado que me habían ordenado matarle, pero lo único que quería hacer era matarle a besos. No sé que hora sería, lo que quería era que no terminara nunca. Mi vida había dado un giro de 180 grados y era hora de empezar a vivir. Me levanté de la cama sin hacer ruido.

¿A dónde vas? – me dijo con esa mirada que traspasaba la oscuridad.

A ningún sitio. – mentí.

Bueno, 12 años me ha costado recuperarte y ten por seguro que pienso atarte solo para que seas mía. Puede ser que tú lo tuvieras planeado, que yo lo tuviera planeado o que el destino lo tuviera planeado. 

Esa idea me gusta. ¿Qué te parece si empezamos ahora?

Ya te dije que eras la última oportunidad que tenía para salvar mi vida.

Por: Edelsteine (España)

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Edelsteine dice:

    Reblogueó esto en edelsteiney comentado:

    ¡Espero que os guste mi último post publicado en Letras & Poesía!

    Me gusta

  2. Te felicito por lo original.
    Una poesía a la menstruación!
    Creo que eres la primera que lo hace.
    Un saludo.

    Le gusta a 1 persona

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