Ya ha aprendido el tacto
de ese cuarto infinito
de pared oscura,
de esperanza nula,
donde las pesadillas que nacen
hacen mella en el alma
y las manos que ahuyentan fantasmas
se sienten menos manos
y más esclavas.
Malsueños,
son los malsueños
que se mecen cada noche
en una mente de cuna,
en una duda insegura
que arrecia y no marcha,
nacida en la hambruna
y vestida de escarcha
tirita en las ruinas
la infancia menuda
que sabe de asfalto,
de cortinas raídas
y de paredes vacías,
de madurez fingida,
de crecer cabizbajo,
de un funeral ya en marcha,
de sosegar en maltragos.
Malsueños,
malsueños de unas piernas
que vacilan olvidando pasos,
que han crecido de la sed,
de las malas semillas,
de la desgana de saber,
de temer retraído,
paralizado,
sin vida.
Malsueños
que se han llevado
hasta la última brizna de aliento
de ese mar en creciente desierto,
de ese cielo cansado y sin luz,
de ese cuerpo desterrado
a campo abierto
donde sólo quedan
el viento,
la soledad
y tú.
Por: Joan Aniorte (España)
instagram.com/joananiorte
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