Aquí te espero (Parte I)

Ella se levantó como cada mañana, dispuesta a comerse el mundo. Algo le decía que hoy iba a ser un gran día en su vida, lo presentía, pero como siempre, fue la misma mierda de rutina. Se propuso que ya era hora de cambiar su vida. ¡Necesitaba cambiar su vida! Sobretodo deseaba volver a enamorarse, pero sus fracasos del pasado no ayudaban mucho para volver hacerlo. Un día sin más, se puso a ver vuelos de avión, quería salir de España, quería ver mundo, quería enamorarse, quería descubrir lugares inimaginables y sin saber como acabó encontrando todo lo que ansiaba. No sabe como, pero terminó comprando un vuelo para Verona. Siempre había soñado con ir a Italia, comer pizza, recorrer La Toscana en su Fiat 500 rojo descapotable, por algo se lo había comprado. Lo que ella desconocía es que en ese viaje su vida tomaría un rumbo que ni en sus mejores sueños hubiera imaginado.

El viaje tan esperado llegó y con ello Verona, la ciudad de Romeo y Julieta. Se sentía entusiasmada y triste, iba a recorrer la ciudad del amor sin creer en el amor. Le hubiera encantado que hubiera estado él, ese que 6 meses antes la había dejado por otra. Pero ella ahora era la única allí y eso era lo único que contaba.

Llegó a su destino, y cualquiera diría que toda su ropa iba a caber en una maletilla de Ryanair. Se hospedaba en el corazón de la ciudad, en el mismo sitio donde todas las noches ponían mercadillos medievales y donde a escasos metros se encontraba la casa de Julieta. Allí supo sentir el espíritu de la ciudad. Dejó las cosas en la habitación del hotel y se puso en marcha. ¡Cómo no! Tenía un plan para recorrer cada uno de los rincones de aquella bellísima ciudad. Toda su vida había sido un continuo plan que no le había salido bien, pero ella se ciñó a comenzar por la casa de Julieta, esa casa de la que se había enamorado viendo la película “Cartas a Julieta” y de la que tantas historias había creado, por supuesto ella no se creía ninguna. El lugar estaba abarrotado, había gente por todas partes, cola para hacerse una foto con la estatua de Julieta. No llegó a comprender esa cola donde la gente le tocaba la teta a Julieta y se hacía una foto, y ella sin pensárselo dos veces lo hizo, eso supuso el fin de una era. Más tarde, se enteraría de que la leyenda de esa estatua era que o volvías a Verona o encontrabas el amor verdadero, y ella quería lo primero.

Era las 9 de la noche ya, los pies no le respondían, estaba planeando cuál iba a ser su siguiente paso y lo tenía muy claro: comerse una pizza. ¿Cómo podían estar tan buenos los italianos y las pizzas se preguntaba cada vez que veía a uno pasar con una pizza? Dicho esto, y su pizza ya en el estómago, fue a por un helado, no era afán de los helados, ¿pero quién podía resistirse a uno en Italia?

Llegó a la heladería más famosa de toda Verona, estaba llena, pero sabía que merecía la pena hacer cola por solo probarlos. Cada vez se iba acercando más a pedir su helado, pero no la hacían caso, ¿por qué no le saldría bien algo alguna vez? En ese momento, notó como alguien por la espalda la acariciaba, pero ella seguía a lo suyo, quería su helado.

Tienes que imponerte si quieres pedir un helado, los italianos son así.

Vale gracias. – le dije, pero seguí a lo mío.

¿De qué quieres el helado?

Nata con chocolate.

Vi que hablaba el italiano a la perfección. ¿Cómo era posible que ese morenazo se fijara en mí? ¿Pero en que estaba pensando? Simplemente me estaba ayudando a pedir solo un helado.

Toma, aquí tienes.

Muchas gracias, en serio.

No las des, se te veía perdida y nunca está de más ayudar a una chica tan preciosa como tú. – me ruboricé y me fui.

Durante esa noche no dejé de pensar en él, no dejé de recordar cada una de las partes de su cuerpo, no dejé de decir cada una de las palabras que habían salido de sus labios. No supe como, pero de la noche a la mañana me había enamorado. Deseaba encontrármelo, deseaba sus labios, deseaba que llegara esa noche para volver ir a la heladería y encontrármelo, pero como mi instinto me decía, no estaba allí. No lo volví a ver, por eso decidí que era mejor olvidar que recordar. Pero esa noche, mi última noche en Verona lo vi. Allí estaba, en el mismo lugar que siempre, con su helado, sonriendo hacia mí. Sin más dudarlo me acerqué.

Hola, ¿qué tal?

Esperándote. – ¿acababa de decir que me estaba esperando? No sé la cara que puse, porque él siguió hablando. ¡Cómo odiaba la expresión de mi cara! – Sí, acabo de decir que estaba esperándote. Sé que pensarás que soy un loco, pero desde el otro día que te vi, no dejo de pensar en ti, en tus labios, en tu sonrisa, en lo feliz que eras. Sé que te vi durante 5 minutos, pero algo me dijo que te conocía de toda la vida. No sé de donde eres, ni que haces aquí y si piensas que estoy loco…

Me acerqué a él y le besé, nos fundimos en un beso que ni él ni yo supimos como llegó. Lo único que sabíamos es que ese era nuestro lugar, todavía no había superado mi ruptura, no estaba preparada para volver amar, pero ahí estábamos los dos besándonos y para seros sincera eso era lo único que me importaba.

Me encantas como besas. – me sonrió.

¿Por cierto como te llamas? Te habré besado, pero no sé tú nombre.

Carlos. ¿Y tú?

Laura.

Le volví a besar, nuestra conexión iba más allá de las palabras, de las miradas. Y sin pestañear, terminamos en la habitación de mi hotel.

Por: Edelsteine (España)

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Edelsteine dice:

    Reblogueó esto en edelsteiney comentado:

    ¡Espero que os guste!

    Me gusta

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