Aquí te espero (Parte II)

Aquí te espero (Parte I)

Notó como el agua le caía sobre su delicada espalda, mientras iba notando como sus manos la agarraban de la cintura y la iban acercando cada vez más a él. Él sin dudarlo la besó apasionadamente, si como le fuera la vida en ello. Pero ella sabía tan bien como él que eso terminaría, que esa chica de la que se había enamorado, no sería más que un vago recuerdo de un viaje inolvidable.

Al día siguiente, ella partía rumbo hacia Madrid, no se lo quiso decir, aunque él lo supo ver en su mirada. Se despidieron como si esa noche hubiera sido una eternidad para ellos y pusieron rumbo a sus destinos.

Nunca dejó de pensar en él, de recordar cada uno de los lugares donde esa noche se fundió su amor. Meses más tarde, ella pensó en llamarle, en buscarle, en encontrarle. Pero no obtuvo éxito. Un año después de aquel viaje, mientras paseaba por la calle, lo vio. No se lo podía creer, no podía ser él… Ella se paralizó y vio como se alejaba, como se escapaba esa oportunidad que meses atrás había perdido, pero sabía que no podría soportar otra despedida y menos de él. Volvió a su amargada vida, se puso dirección a su destino, pero en la vuelta a la realidad algo la sobresaltó. Alguien la estaba agarrando por la cintura, a ella no se le ocurrió otra cosa que chillar.

No muerdo tranquila, solo si me provocan – escuché que alguien se reía, esa risa me sonaba familiar así que me tranquilicé – ¿No pensabas irme a saludar? – me quedé paralizada – Sigues oliendo igual que el primer día que te vi en esa heladería en Verona.

Perdona, no te había visto. – era mentira, lo había visto y muy bien.

Mentirosa.

¿Yo? Para nada. – aún no me creía lo que estaban viendo mis ojos. – Pero tú… – no conseguía parar de sonreír.

Sí, yo, ¿ya no te acuerdas de mí? – ¿Cómo iba a olvidarme de él? Como iba a olvidar esos ojos y esa sonrisa que meses antes habían sido mías, aunque solo durante una noche.

No sabía que hacer, ni que decir. Él me agarró de la cintura y me besó. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.

Tú… – empecé a balbucear – ¿Qué haces aquí?

Pues que ahora vivo aquí. Y por lo que veo tú también.

Esa noche terminamos en su casa, no sé como de la calle acabamos ahí, pero ambos éramos de pocas palabras. Lo único real que había ahí era que yo sentía lo mismo por él. Le estaba acariciando la espalda, vi como un escalofrío le recorría el cuerpo. Daba la impresión que aquella noche fue eterna.

No solo me recorre este escalofrío cuando haces eso, sino cuando he vuelto a verte, o hablar contigo, cuando llevo un año imaginándote en mi cabeza, o cuando veo ese sofá que tienes ahí y nos veo tumbados besándonos, riéndonos, hablando o discutiendo por quién besa a quien.

Le calle con un beso, sí, ese chico, era mío y de nadie más. Siguió hablando, con esa mirada que tanto me enloquecía.

Yo lo que quiero gritar es que te quedes conmigo, no quiero que durmamos juntos, tengo mejores planes a tu lado que dormir, hasta que nuestro ojos y tú seas lo último que vea.

No podía creerlo, me estaba enamorando, ahora ya de verdad, enamorando de verle simplemente sonreír. Mi corazón no podía dejar de latir por él, mi corazón nunca había latido por otro igual. Me acerqué a él y le susurré.

¿Sabes lo que significa querer hablar contigo a cada segundo de mi vida? ¿Querer desnudarte a cada beso? ¿No depender de ti pero necesitarte como el oxígeno para respirar? ¿Llevar meses acordándome de aquella noche? ¿Querer estar cada noche riéndonos mientras la luna es la única que nos espía? ¿No querer nada serio pero a la vez quererlo todo? ¿Querer sacarte una sonrisa a todas las horas? ¿Querer llevar todo en secreto pero a la vez chillar al mundo que te quiero? ¿Querer gritarle a mi mundo que solo existes tú? ¿Sabes lo que es ser tan diferentes pero tan parecidos? ¿Saber lo que te pasa con solo mirarte?

Me cogió en brazos y me llevó a la cama, esa que tantas noches nos iba a ver amar sin ser vistos. Empecé a besarlo como si se me fuera la vida en ello. Seguía sin comprender como alguien como él, estaba con alguien como yo.

Antes de marcharse le metí una nota en la chaqueta, la había escrito aquella noche y hasta entonces la había guardado deseando que llegara el día en el que se la diera. Cuando salió del edificio vi como cogía la nota de su bolsillo y la leía detenidamente.

Nunca debes sentir aquello a la que has amado alguna vez, no somos dueños de nuestros sentimientos, por mucho que queramos, por mucho que lo deseemos. Nuestro corazón es quién decide a quién amamos, a quién queremos, a quién odiamos, en quién creemos. Nunca serás dueño de tus sentimientos. Nunca volví a ser la misma después de aquel beso, de aquel viaje, después de aquella noche, después de ti. Llevo esperándote media vida y la otra la llevo anhelándote. Mi corazón fue tuyo desde el minuto uno que te vi. Y no quiero recuperarlo, porque contigo está a salvo.

Pd. Te quiero.

Vi como miró para arriba y me sonreía, sabía que ya me daba igual la distancia y todo lo demás. Él era el único que tenía derecho a irse y volver, porque sabía que siempre volvería a mí.

Por: Edelsteine (España)

instagram.com/igecofer/


Únete a nuestras redes:

facbook     twitter-icon-circle-logo     instagram-icon-3cd2e3790075e545be9ea3a14fe12baf     tumblr_256     social_youtube_63

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s