Oculté el fiel sonido de tus pasos,
obsesión firme de aquel deseo,
y supe, sin comprobar nada,
que la noche había muerto;
su respiración no emergía
del fondo oscuro de su lamento,
ya la noche dormía profunda,
dormía ya con su recuerdo.
Ya la noche triste, exhalaba
sus últimos y claros luceros,
buscando sombras desnudas
de aquel corazón eterno.
Ya la noche no cantaba,
no reía, sólo era un sueño,
que empezaba a ser estrella,
sola, sin brillo ni cielo.
Ya la noche no hablaba,
no contaba verdades al viento,
no escondía almas ni pasiones
de apasionados y bohemios.
Se fue la noche para siempre,
poema, adiós y silencio
y sin volver la vista atrás,
la noche murió en mis adentros,
murió en tu piel, en tu regazo,
en el revés de tus besos,
la noche murió contigo,
cuando te fuiste tan lejos,
cuando te llevaste la luna
y el sol se volvió negro.
Sin ti, sin tu mirada,
me dejaste sólo el momento,
sólo entre sábanas blancas,
en la noche de mi tormento.



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