Bendita la noche te habita
la luna que te sigue
y brilla al ras de tus ojos.
Benditos ojos
bendita mirada
que te arranca el alma,
que te dirige a la incertidumbre
de un cuerpo blanco y desnudo.
Benditas tus manos
que te indagan
hambrientas y sin pudor.
Bendito el gemido que nace en tú femenino
y el aire que te recorre
y el placer que te abarca.
Bendita luz que irradia la sonrisa que se te escapa.
Benditas ganas de arrancarte las ropas,
de encenderte el alma,
de acabar con la soledad que en las noches me abraza.
Bendita boca que flaquea mis ganas,
me destruye la paciencia,
me hunde en la locura.
Benditos labios que me embriagan,
me desnudan
me hacen suya
me besan y se van.
Maldita.
Malditos ojos que me sometieron al instante
que me hallaron perdida y me enseñaron el camino
para después llevarme al precipicio más oscuro
al abismo de sus propias prendas.
Malditas manos que tocaron
cada recoveco de las amapolas
que solían vibrar con el mínimo contacto.
Malditas ansias de acechar su cuerpo
de habitar sus muslos
y naufragar en sus valles,
perderme en su aroma.
Malditas ganas de ti,
de quererte,
de tomarte para siempre
y huir de todo mal.
Y mi mal siempre has sido tú.
Maldita la hora en que me albergue en tus brazos.
Repudio tu ser inigualable y perfecto
que culmina en mí,
que me apetece,
me consume,
me incita
y se va.
Por: Andrea Canabal (México)
instagram.com/andreacanabal
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