Consecuencias

¡Por fin era sábado! Me desperté a las 10 de la mañana, pero como era de esperar en mí no me levanté hasta dos horas más tarde. ¿Para qué levantarme si se estaba tan agusto? Además fuera hacía tanto frío y por una vez la soledad me daba calor.

Hoy mi vida iba a cambiar y tenía que estar descansada. Incluso había leído el otro día en una de las revistas de mi madre, que descansar ayuda a mantener la piel suave y yo hoy debía estar radiante. El problema era que iba a matar dos pájaros de un tiro, del que uno iba a ser yo…

Independientemente de lo que fuera a suceder en unas horas, tenía que tener mentalidad positiva, me notaba demasiado feliz, y nada ni nadie iba a volver a apagarme. Opté por levantarme de la cama. Y vi su mensaje:

Vale, esta tarde nos vemos donde siempre. Besos.

Hoy había quedado con él. Sí, lo que os cuento, íbamos hablar. Yo ya no podía seguir así. Me había propuesto cerrar toda puerta en mi vida por la que aún pasaba algo de luz.

En las horas restantes no hice mucho, tenía claro que no quería estudiar así que me puse a ver el nuevo capítulo de la primera temporada de Sense 8 en Netflix. ¡Qué bueno estaba Miguel Ángel Silvestre! A las 15h me llamaron para comer, al terminar me fui a echar una siesta y cuando me desperté ya era demasiado tarde para ducharme y arreglarme, así que decidí ponerme lo más guapa que pude en menos de 20 minutos. Y partí hacía uno de los mayores retos de mi vida. Sí, puede parecer una exageración, pero ya os iréis acostumbrado a lo dramática que soy.

A las 8 más o menos llegué a la Plaza del Ayuntamiento, no hacía calor. ¡Menos mal! Y allí estaba él, más guapo que nunca.

¡Hola! – le dije con mi mejor cara, después de darle dos besos.
¡Hola! ¿De qué querías hablar?
Mmm… – no sabía como empezar – ¿Te apetece si nos vamos al Starbucks y hablamos allí tranquilamente?

Durante el trayecto ninguno de los dos habló, supongo que ambos sabíamos lo que iba a pasar de una manera u otra. Menos mal que llegamos, porque este silencio se me estaba haciendo eterno. Entramos por la puerta, fuimos hacía uno de esos sillones tan cómodos y me pedí lo siempre. Ya que iba a darle un giro de 180 grados a mi vida. ¡Qué mejor que hacerlo en buenas condiciones!

Un Frapuccino, por favor.
Otro para mí, gracias.
¿Tú, un Frapuccino? – me quedé perpleja, si me dijo que no le gustaban.
Sí, ¿qué pasa? Hay muchas cosas que desconoces de mí. – me puso esa sonrisa pícara que tanto me gustaba y a la vez odiaba.
Ya veo. Bueno, sentémonos.
Vale, ¿de qué querías hablar?

Tragué saliva, era ahora o nunca. El momento había llegado, y ya no podía atrasarlo más.

Por: Edelsteine (España)

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Espero descubrir lo que sucede jajajajaaj, porque me he quedado planchada…

    Le gusta a 1 persona

  2. Eso por favor la continuación pero yaaaaaaa. Por favor, jajajajaja

    Le gusta a 1 persona

  3. Edelsteine dice:

    Reblogueó esto en edelsteiney comentado:

    ¡Espero que os guste!

    Me gusta

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