Entre dos pieles

Tenía todo cuanto quería,

Su mujer, sus hijos,

Una casa grande,

Para que cupiesen,

Todos los recuerdos.

Quería solo cuando sentía,

Y por eso formó una familia,

Una familia humilde, alegre, sencilla.

Pero el tiempo le cambió.

Quizá fue la rutina,

La maldita rutina.

Una piel le decía,

Siempre serás fiel,

Otra le pedía,

Vivir sin conciencia.

Eligió fingir,

Mintiendo a la coherencia.

Odiaba creer,

Que su pecado fuera real.

Amaba saber,

Que su mente seguía fuerte.

Y aunque nunca dejó que marchitaran,

Las flores de su propio jardín,

Nunca supo como escapar,

Viviendo entre dos amaneceres.

Siempre vivió,

Encerrado entre dos pieles,

Aunque solo una le daba,

La verdadera y extraña libertad.

Por: Raúl Zambrano (España)

deunalmaotra.es


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