Alzheimer

Desbordada por un caos que se hacinaba a su alrededor. Iluminada por una sonrisa irracional, absurda. Conmovida por los gritos de los otros. Atemorizada por los que le dirigían la palabra, o ensimismada como un pequeño con el envoltorio de una piruleta, ella miraba a través de los cristales de la ventana. Sin ver. Observaba sin contemplar. Oía, sin escuchar. Sonreía sin motivos.

Y en esos momentos canallas en que la enfermedad otorgaba una tregua, se miraba al espejo, el pelo cepillado al uno, los ojos tristes, vacíos, hundidos en el interior de las cuencas, las ojeras que marcaban una expresión apagada de tristeza, los labios caídos, las arrugas de expresión marcando un rostro atormentado y doliente; en esos momentos, un torrente de lágrimas resbalaba por su rostro, despeñándose por las mejillas como un caudaloso río. Se pasaba la mano por la cara, tal vez para tratar de reconocer un rostro que no era, ni había sido nunca el suyo, tal vez para apartar las lágrimas que empapaban sus mejillas, tal vez para sentirse ella, aunque sólo fuese por unos instantes. Nunca lo sabremos.

Se fue. La suerte así lo quiso, porque dio fin a su tormento. Se fue sin decir una palabra, sin un llanto, sin un consuelo, sin una mano que tomara su mano, sin un ¡ay! Se fue para descanso de sus huesos, que era ya lo que sólo quedaba de ella, y de su alma, y para descanso de los que la visitaban asiduamente y se marchaban con el amargor de ver el deterioro que día a día iba padeciendo ese trastabillado organismo, la disminución paulatina de las fuerzas, la abstracción cada vez más frecuente, que  le hacían parecer un ser encantado, un objeto móvil que deambulaba sin sentido, que mascullaba palabras o frases inconexas. Ya no era ella. Sólo era una enfermedad  canalla encerrada en una habitación.

 Y nadie podía hacer nada.

Por: Víctor Chamizo Sánchez (España)

rompamoslosgrilletes.wordpress.com


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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. melbag123 dice:

    Mi madre tiene Alzheimer. Has descrito muy bien mi impotencia y el dolor del paciente y de quienes lo amamos. Gracias.

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  2. pontaza dice:

    hay que ayudar a las personas que lo sufren y los que todavía no lo tenemos hacer ejercicios

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  3. Me tocó hondo. Tristes recuerdos de lo vivido…

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  4. Mamá partió de este mundo un 3 de octubre hace casi dos décadas. Tenía 56, y sus últimos dos años se parecen a este relato. Una enfermedad durísima.
    Pero nunca se sabe cuánto de la “verdadera” persona continúa por debajo de todo eso. A veces hacía comentarios que sorprendían…

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