Pre-viaje a Argentina

16 de Junio de 2010.

He salido a buscarte. Tu última carta fue tan confusa que me dio la impresión de que estabas en peligro. De que algo no iba bien. Y tenemos un viaje juntos por hacer.

Fui a recogerte esta mañana a la estación pero no estabas allí y he pensado que quizás te has perdido. Que te has secuestrado. Y me he subido al primer tren con destino probable hacia ti.

El paisaje, ya lo conoces, esos campos castellanos en horizonte, esas estepas trigueñas, la quietud de la vida posada en la magnitud de las alpacas eternas.

Pero es extraño, aquí dentro hace frío. Demasiado para ser junio. Y en el vagón baja un grado la temperatura según menguan los kilómetros que me acercan a ti y, al mismo tiempo, me alejan de mí. Así que ahora estamos a unos menos cien grados centígrados. Y bajando.

No hay pasajeros, viajo sola a un lugar del que sé que no podré retornar. Y, aun así, me invaden las ganas y la prisa por llegar al final. Cada vez siento más frío, los cristales han empezado a empañarse y no sé si esta gelidez proviene de fuera o mi cuerpo es un iceberg fugitivo del mar.

Parece como si nunca fuese a llegar y un presentimiento sentado a mi lado, plaza 144 pasillo, me acaba de confesar que no te encontraré. Y yo, 145 ventanilla, mantengo con vida esa luz pequeñita que lucha contra la escarcha de los cristales y me anima a seguir viajando a pesar de estar muerta de frío. Y de miedo.

Llego a tu ciudad y las calles están desiertas. Ha nevado en esta primavera in extremis y tu casa está cubierta por un manto de copos negros. Tampoco allí hay nadie más que el vacío. He encontrado dos pasajes destino Argentina. El tuyo está rasgado por la mitad y el mío sobresale de un sobre. Entiendo que tú no viajarás conmigo pero, por lo menos, podías habérmelo entregado en mano. Jamás te habría obligado a embarcar conmigo contra tu voluntad.

Aún con todo, me iré sola y bailaré con mi pena mil tangos por ti. Aunque ya nunca serán “buenos aires”, hay algo en el ambiente que está viciado y putrefacto. Pero es mi lugar imposible y, además, allí ya es casi invierno y no tendré que abandonar el frío del tren. Cuando despegue mi avión te dejaré escrito en el cielo la ruta que debes seguir si algún día decides venir a por mí. Temo que puedas extraviarte entre la penumbra, de nuevo.

Espero llegar con vida a mi destino. Y disfrutar de otros ambientes, otras culturas y nuevas gentes. Habría sido bonito caminar juntos, pero me conformo con este pre-viaje a Argentina, porque a veces no hace falta irse muy lejos para descubrir lo mejor del mundo. Eso lo aprendí viajando contigo, sin movernos un metro de ésa, la que fue la verdadera ciudad de la plata.

©Registrado en Safe Creative Código #1608232137830 y publicado en MaruSpleen (maruspleen.wordpress.com) y en el perfil de “Me Gusta Escribir” de la autora.

Por: María Eugenia Hernández Grande (España)

maruspleen.wordpress.com


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