Inolvidable Canción

En una radio de fondo se escuchaba:
“Más dicha que dolor, hay en el mundo,
más flores en la tierra, que rocas en el mar,
hay mucho más azul que nubes negras
y es mucha más la luz, que la oscuridad”.
Mientras en la cocina su madre preparaba la comida.
—Me encanta esa canción —dijo Miguel, mientras miraba a su amigo que también escuchaba atentamente.
—A mí también, ¿Qué te sugiere? —preguntó Eduardo a Miguel.
“Digan lo que digan,
digan lo que digan,
digan lo que digan,
los demás.”
—Libertad, me sugiere a mí —dijo Eduardo, antes de que Miguel le respondiera.
La mirada de Miguel estaba perdida en la letra de la canción, se había elevado por encima de la realidad sintiendo algo que ni él mismo sabía lo que era. Sólo escuchaba el significado de la canción, mientras los latidos acelerados de su corazón martilleaban en su sien.
“Son muchos, muchos más, los que perdonan,
que aquellos que pretenden a todo condenar,
la gente quiere paz y se enamora
y adora lo que es bello, nada más.”
Miguel bajó de donde estaba y conectó con la expresión interrogativa de su amigo.
—Ella, me espera… —musitó entre dientes.
—¿Quién? —Eduardo estaba intrigado.
“Digan lo que digan,
“digan lo que digan,
digan lo que digan,
los demás.”
—Mi mitad. Alguien que está lejos. Me espera.
—Pues tendrás que encontrarla —puntualizó Eduardo, acercándose a la cocina para seguir escuchando la siguiente estrofa.
“Hay mucho, mucho más, amor que odio,
más besos y caricias, que mala voluntad,
los hombres, tienen fe en la otra vida
y luchan por el bien, no por el mal.”
—Ella tiene los ojos verdes —añadió Miguel.
—Sabes, yo con que alguien me ame de verdad, sería el hombre más feliz del planeta —respondió Eduardo, escuchando el estribillo final.
“Digan lo que digan,
digan lo que digan,
digan lo que digan,
los demás.”

Hacia muchísimo que no escuchaba aquella canción, haciendo que resurgiera la vivencia de las profundidades de su ser. Eduardo, su mejor amigo, había dejado esta existencia, y ella llegó y se fue de su vida como una tormenta de verano, repentina, refrescando e inundando todo a su paso. Él no fue a buscarla, y se lamentaba por no haberlo hecho, es más, se lamentaría el resto de su vida y esa canción siempre estaría ahí para recordárselo.

Por: Lola Sánchez (España)

lolasanchezmiespaciointerior.blogspot.com.es


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. José Carlos Mena dice:

    Digan los que digan… genial, el escrito y la canción. Un abrazo guapa

    Le gusta a 1 persona

  2. lolasnchez dice:

    Muchas gracias primo, hay canciones que inspiran relatos y “Digan lo que Digan” de nuestro Rafael es un clásico muy inspirador. Un abrazo.

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