La Ventana

Cuando te pasas seis horas diarias sentada delante de una ventana, que además se convierte en la ventana a través de la cual ves el mundo, en tu mundo, día a día, durante tres años, puedo asegurarte que te conoces como la palma de tu mano la hora a la que el vecino de enfrente sale a fumarse un cigarrillo, aquella  a la que la vecina de unas terrazas más allá sale a tender la ropa y la hora a la que se levanta el de un poco más arriba. Por no hablar de aquellos que cada tarde se toman el café un poco más abajo, en esa hermosa terraza que tiene mesas y sillas de madera, mi terraza preferida por cierto, con hermosas flores en cada una de sus esquinas, que se convierten en flores marchitas cuando llega el invierno e inundan la terraza de color en la primavera. O aquellos otros que no ponen cuidado en correr las cortinas cuando, cada día, salvo los fines de semana, a eso de las 8 de la tarde, hacen el amor desesperadamente. Es curioso que el chico de por la tarde, que supongo que será el marido de la chica, pues sus encuentros son diarios, no sepa que de vez en cuando su esposa, o eso creo que son, también se desnuda delante de un chico unos diez años más joven que ella, claro que esto sólo ocurre durante los fines de semana, cuando casualmente el otro hombre no aparece por casa, el motivo de esto lo desconozco ¿trabajo?.

La vida de esa gente anónima para mi se convierte en mi vida, porque yo vida no tengo, tú me la robaste el día que llegué aquí. Me pregunto porque aceptaría venirme, y esto no sólo me lo pregunto hoy, me lo pregunto muchas veces. Jamás debí aceptar tu propuesta, un futuro mejor, un futuro mejor… con estas mentiras compraste mi alma y encadenaste mi vida para siempre. Eso es lo que me decías para convencerme, que aquí tendría un futuro mejor. ¿Un futuro de qué? ¿De encierro? ¿De días y días delante de unos papeles que maldigo? ¿De ojos que siempre me miran y vigilan bajo sospecha? Yo no quería esto ¿sabes?, no era esto lo que deseba, pero nunca me escuchaste, siempre quisiste hacer de mí lo que yo no quería, lo que no era.

Recuerdo la vez en que él, ese ser detestable para ti que era cuando me vine mi vida, decidió venir a verme, y le dijiste, sin escuchar mis súplicas y lamentos desde esta maldita habitación, que estaba estudiando, y que eso es lo que haría a partir de ahora, estudiar, y que no volviese aquí, porque ya había encontrado otra persona y no deseaba verle jamás. Que cobarde fui entonces, debí haber salido corriendo de aquí y haberle dicho que lo amaba con locura, que no te escuchase. Pero no lo hice, y mi silencio me condenó para siempre y fui marchitando mi alma poco a poco, espero que las demás chicas tengan el valor suficiente para luchar por lo que aman, sin medir las consecuencias, yo por callarme perdí lo que más quería, no os calléis nunca. Hace unos meses me enteré de que estaba con una chica, lo has conseguido, el ser detestable que me hacía levantarme cada mañana y enfrentarme a este mundo, ya no volverá a mi vida. Y mira que vida: cada mañana me levanto y el estúpido ese que has contratado como profesor viene a verme, me llena la cabeza de tonterías y se va. Luego almuerzo y me vuelvo a sentar tras esta ventana a remover las hojas que son mi tortura. Menos mal que los vecinos existen y al mirarlos me entretengo. Cada tarde, a las 7, vienes a traerme un vaso de leche con galletas y a darme tus insoportables sermones sin principios sobre la vida, discursos autoritarios y unilaterales que no me sirven de nada, porque yo vida lo que se dice vida tampoco es que tenga. Mi vida es esta ventana a la que antes adoraba pero que ahora aborrezco. Como envidio a esas gaviotas que acaban de pasar volando. A veces pienso que soy una de ellas y que me marcho lejos de aquí para siempre. Cuando acabas tu charla sobre la vida, o mejor dicho, sobre lo que tu consideras vida, sigo con estas interminables páginas. Las 8, ya están los de enfrente como todas las tardes. Las 9, hora del baño. Las 10, hora de la cena. Las 11, a dormir para empezar otro día que será igual al anterior. Aunque si es fin de semana saldré contigo, pero eso sí, bajo tu mirada, y a donde tú decidas, y volveremos a casa temprano, que hoy toca sesión de la película que tú elijas, aquella que pueda aportarme algo valioso para ser una persona admirable que llegue lejos algún día, que llegue a dónde tú no has llegado nunca, que haga esa vida que tú quisiste y que nunca pudiste hacer, pero que me has dado la maravillosa virtud de hacer yo por ti y que algún día te agradeceré con el alma y el corazón.

Papa nunca hubiese dejado que esto pasase, si se fue no lo hizo porque no nos quisiese, como siempre me dices, no te quería a ti, que manejas la vida de todos a tu antojo. Lo que no entiendo es por qué nunca vino a buscarme. Pero, ¿Sabes qué? El día de hoy será diferente, ya lo verás. Porque he empezado este diario, que al menos irá dando un sentido a mi vida. Aquí contaré cada cosa que me vaya pasando, y mi vida ya no será tuya, será de él. Escribiré cuentos y novelas, escribiré sobre la vida, todo será distinto desde hoy.

Sólo he escrito estas líneas, y ya no tengo nada más que contar, he resumido mi pasado y  mi presente en unas líneas, y dime, ¿de qué futuro voy a hablarte? Si lo que te he dicho que hago cada día será lo mismo que seguiré haciendo mañana y pasado y al día siguiente. Querido diario, no te mereces nacer para recoger una vida monótona, así que te abandono, espero que si alguien te encuentra tenga más cosas hermosas que contarte, porque yo no las tengo.

Cuando la mujer entro en la habitación, como cada tarde, a llevar leche con galletas, la ventana estaba abierta y  el recién estrenado diario yacía sobre el escritorio, empapado en lágrimas. El vaso de leche se desplomó y cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos.

Por: Lidia Villalobos (España)

laciudaddelasnubes.com


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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. lolasnchez dice:

    Muy bueno Lidia, me ha gustado muchísimo. Saludos.

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    1. Gracias Lola!!! Me alegro mucho de que te haya gustado 🙂

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