Cedimos nuestra alma por la pasión,
sometimos ambición de valías,
ahogamos silencio en caricias tibias,
así adquirimos el poder de Dios:
Resulta en arte el menosprecio al «No»,
forja nuestro camino a nueva vida,
—purificando cada idea erguida—
llegamos a ser vino, agua y alcanfor.
Y aunque a momentos huye el sueño de arte
con llanas almas navegando en lastre
debido a vanidad e hipocresía,
renace la nuestra esencia divina
¡cuando blandimos la pureza infante!
¡Cuando llegas de nuevo, aliento de arte!




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