Visitas Nocturnas

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Hoy regresan los viejos fantasmas, aquellos que creí que se desvanecieron cuando cumplí los siete años. Ir a la cama cada noche se convertía en toda una odisea ya que sabía que los volvería a ver… Bajo las mantas me acurrucaba como si de alguna forma fuera el útero materno donde me sentía segura y a salvo.

Me quedaba dormida, y si conseguía hacerlo durante toda la noche, era todo un alivio, para no tener que enfrentarme a la otra dimensión que me rebelaba las viejas paredes. Eran muchas las veces que me despertaba en medio de la madrugada con ganas de beber agua o de ir al baño. Entonces era cuando mis ojos descifraban y desgranaban la gama del color negro.

Ellos, aparecían, llegando uno detrás de otro, en fila india, hasta la altura de mi almohada, sombras más opacas que el ónice, sin rostros, sin embargo sabía que me miraban, dejando una estela de matices lúgubres a su paso, desapareciendo por la ventana. Regresaban con el tic tac del reloj, eclipsado por los latidos de mi corazón a punto de estallar en mi cabeza. El miedo me atenazaba, encendía la lámpara para evitar verlos, pues sólo la luz hacía que se desvanecieran. Mi hermana que compartía el dormitorio conmigo, se burlaba de mi pavor apagando mi salvación. En esos instantes corría hasta la habitación de mis padres para acostarme entre los brazos de mi madre, sólo así podía atenuar el terror que se reía de mi débil voluntad.

Estuve sin decir lo que me ocurría durante un tiempo, hasta que decidí contárselo a mi progenitora. Lo hice durante una de esas visitas nocturnas, ella sólo se limitó a decirme que no veía nada. No supo ayudarme, tuve que lidiar con las figuras del crepúsculo hasta acostumbrarme a su siniestra presencia. Cuando pasó el primer mes de mi séptimo año de vida, aquel fenómeno dejó de ocurrir.

Ahora tengo en mi regazo a mi congojado hijo, me ha confesado que ve sombras de personas por las noches, se acercan hasta su cama… Ya sé que decirle, sé que tiene que hacer para disipar su temor. Hay realidades paralelas que sólo los niños con cierta sensibilidad y algunos adultos pueden vislumbrar.

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9 respuestas a «Visitas Nocturnas»

  1. Esto… Quizás dejaste de pequeña abiertas algunas puertas y ahora vienen de vuelta.

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  2. Los niños tienen conexiones con otras dimensiones, pero las mutilamos con nuestra visión limitada del mundo, y pocos adultos las conservan.

    Ánimo. Es una gran oportunidad para trabajar la aceptación del miedo y el valor con tu hijo. Y hacer algún tipo de ritual de protección para que él se quede tranquilo.

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  3. Gracias por vuestros comentarios, en el relato hay una parte real y otra es ficción, en cuanto a la parte real se que los niños y ciertas personas con sensibilidad pueden ver más allá de esta realidad física. Hay experencias que son necesarias compartir, siempre he dicho y asi lo creo que la realidad supera la ficción. Saludos.

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  4. […] Visitas Nocturnas, de Lola Sánchez (España) […]

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  5. Avatar de José Carlos Mena
    José Carlos Mena

    Muy intenso prima. Me ha gustado. Un abrazo

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  6. […] de la anterior edición (49): Visitas Nocturnas, de Lola […]

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  7. […] Visitas Nocturnas, de Lola Sánchez (España) […]

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  8. es asi lola los niños viven con ese mundo que solo ellos lo persiven- un placer regresar y encontrarme con tan bellas escrituras

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