La sala de estudio

Conservo inmanente el recuerdo de haberte conocido en una biblioteca, mientras devorabas tu libro de Hemingway; ese que yo nunca pude terminar de leer. Te encontrabas abismado entre tus páginas, no levantabas la mirada para percatarte de cómo te observaba sin disimular demasiado. Pensé: <>.

Pero en un momento levantaste la cabeza e intercambiamos miradas, como si todo lo que nos rodeara se hubiese detenido y solo existieses vos con tu libro de Hemingway y yo con mi calculadora.

Salí de mi asiento para conseguir café de la máquina, un poco inquieta, cuando sentí una presencia varonil a mi lado. Eras vos, con tus cabellos castaños y esa mirada que hace unos minutos estaba sumergida en las líneas de una novela. Tomaste mi mano y me llevaste por los pasillos caminando veloz, riendo ambos, hasta llegar a la sala de ejemplares en reserva. Nos escabullimos por entre las estanterías, en la sección de literatura norteamericana y comenzamos a besarnos como dos extraños sedientos. Palpabas mis senos por encima de mi blusa, la que yo soñaba que desprendías, mientras apretaba mi entrepierna contra tu pene eréctil, y mis manos se escondían en tu camisa.

Cuando escuchamos unos pasos, nos salimos de la sala, esperando con cautela que nadie descubriera que casi hubo sexo junto a las obras completas de Emily Dickinson. Caminamos juntos por los pasillos desolados, intercambiando miradas, cómplices. Volvimos a la sala de estudio, vos con tu libro, yo con mi calculadora. Me acomodé la blusa desalineada con algo de rubor y no pude evitar una sonrisa mientras continuaba haciendo los ejercicios de matemática.

Por: Male Biangardi (Argentina)

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6 respuestas a «La sala de estudio»

  1. Trae recuerdos de amores de estudiantes.
    ¡Lindos tiempos aquellos!
    Todo se vivía con otra intensidad.
    Un abrazo.

  2. Bonita mezcla entre el erotismo y la literatura. Me ha encantado. Y sobre todo gracias por recordarme una palabra tan bella como «inmanente»
    Saludos

  3. Pícaro y entrañable. Me ha hecho sonreir 🙂

  4. […] La Sala de Estudio, de Male Biangardi (Argentina) […]

  5. Con razón el gusto por la lectura. 😉

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