El discurso

—Señor, en cinco minutos comienza su intervención.

Apenas prestó atención a lo que le decía el joven encorbatado que le dio el aviso. Su mente intentaba concentrarse en el discurso, mientras daba el último repaso a sus notas. Había mucho en juego y él era la clave del éxito. Se sentía preparado, cada detalle estaba revisado y analizado por los asesores de imagen y, por fortuna, tenía una gran memoria, así que recordaba cada palabra y cada entonación a la perfección.

Cinco minutos exactos después respiró hondo  y, con su notas en la mano por si le hacían falta (cosa que dudaba), ensanchando su sonrisa, se encaminó hacia el escenario.

La ovación sonó atronadora. Por un momento se sintió mareado mientras recibía los efusivos apretones de manos y abrazos de sus compañeros de partido. De fondo, el himno tantas veces escuchado. Él, mecánicamente, tomó la mano de Shannia y levantó ambos brazos unidos mientras notaba cierta resistencia de la mujer. Él la miraba de reojo. Ella no le miraba, miraba al público enloquecido con esa sonrisa blanca, preciosa, que él sabía, a ciencia cierta, falsa.

Ya en el estrado, ajustando el diminuto micrófono bajo la atenta mirada de los miles de simpatizantes en un silencio casi sagrado, dudó. Mirando al frente, al infinito, su mente bullía. Seguía recordando cada palabra, cada frase del discurso, diseñado al milímetro para causar el efecto deseado. Era el discurso perfecto, y él era el candidato perfecto. Pero su boca no articulaba palabra.

De repente, rompió en pedazos sus notas.

El “Ohh” de la audiencia sonó extrañamente melodioso a sus oídos, como música liberadora. Si se hubiera girado, se habría reído, sin duda, viendo el gesto anonadado de sus colaboradores y la boca torcida de su “querida esposa” Shannia…

— Queridos compañeros y compañeras —comenzó—. En los papeles que acabo de romper delante de vosotros, me habían escrito todo lo que queréis oir…

Hizo una pausa.  Cuando el murmullo del público cesó, prosiguió.

—Sí, así es. Hay gente que os conoce incluso mejor que vosotros mismos y que sabe como manipularos. Y esa gente es la que nos escribe los discursos a nosotros, los que nos mostramos ante el pueblo para pediros un voto que ya sabemos que nos vais a dar. Esa gente escribe palabras bonitas, como nuestra cara y nuestra sonrisa —dijo, enseñando sus dientes con exagerado énfasis—,  y vosotros, pobres desgraciados, nos creéis… bueno, en realidad “les” creéis.

Hizo otra pausa, mientras veía de reojo cómo el personal de seguridad se iba acercando hacia él. Le quedaba muy poco tiempo. La audiencia no reaccionó, seguía en silencio.

— Sólo os quiero decir que NO vamos a bajar los impuestos, que NO vamos a parar los desahucios, que NO vamos a subir las pensiones, todo son MENTIRAS. ¿La razón?… muy sencilla: ¡nos importáis una MIERDA! Haremos lo que nos manden los poderosos, porque somos marionetas, MARIONETAS…

Fue lo último que pudo decir antes de ser placado.


Noticia de última hora en el diario “La verdad absoluta”:

El candidato para las selecciones nacionales, Leónidas Mirón, del Partido Por Lo Justo (PPLJ) ha sido internado de urgencia en el psiquiátrico de Santa Eulalia de la Orden por lo que denominan los expertos, un “Desorden trauma-psicolingüístico de primer grado”. Debido a esa desafortunada enfermedad mental,  ha sido cesado del cargo hasta su recuperación, que se prevé larga y difícil. En su lugar, la nueva candidata, elegida democráticamente por los afiliados del PPLJ, será su esposa Shannia Escudero.


NOTA DEL AUTOR: todos los nombres que aparecen en este microrrelato son fruto de mi imaginación. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.

Por: Óscar Gavilán (España)

about.me/OscarGavilan


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Por eso, yo postulo como candidato a mi personaje Crispín: https://blogdefabio.com/2016/11/09/crispin-al-poder/

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  2. OsKarTel dice:

    No estaría mal Fabio, pero creo que duraría menos que un pastel en la puerta de un colegio…

    Le gusta a 1 persona

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