Campo de Batalla

La gaita suena en la lejanía… Rostros pintados para celebrar la guerra. Estandartes que terminaron cubiertos de sangre. Agonía de hombres mutilados, gritos de los niños que perdieron la guerra desamparados, olor a tierra y carne abierta. Buitres sobrevolando la pradera mortecina.

Con el pelo enmarañado, cubierto de la mugre de la batalla, al borde de la muerte, él tocó la mano de su enemigo.

Te dije que te mataría —le habló con el sabor metálico en su paladar.

Su enemigo levantó la cabeza gimiendo de dolor.

Y yo que me acompañarías —la tos roja se le escapaba entre los dientes—. Sabes, no te librarás de mí nunca —lo miró y su sonrisa acentuó la vieja cicatriz de su pómulo derecho.

Esas fueron sus últimas palabras.

—Hermano, creo que has tenido una pesadilla.

Samuel despertó alterado, miró a los ojos preocupados de su hermano Rubén.

—Creo que en este lugar ocurrió algo hace muchos años.

—Crees bien hermano, hubo una gran batalla…

Rubén tomó las manos de Samuel para ayudarlo a levantarse.

—¿Cómo lo sabes?

Ambos se miraron clavando sus pupilas en lo más profundo de su ser.

—No te librarás de mí nunca —respondió Rubén a Samuel, sonriente, acentuándose la vieja cicatriz de su pómulo derecho.

Por: Lola Sánchez (España)

lolasanchezmiespaciointerior.blogspot.com.es


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