Sofias

En el colectivo son 11:30 y ya quiero irme a mi casa. Afuera deben ser las 5 de la tarde pero estoy cansada y el tiempo en uno a veces es jodido y pesa el doble.
En el asiento de al lado, Sofia le cuenta por celular una primicia a su amiga: Pablo también es de Sagitario. “Bien”, me digo para mis adentros, como si la felicidad de Sofia por la coincidencia planetaria me sacara un par de minutos de encima.
Sofia no se llama, Sofia. Por ahí se llama Paula, por ahí Marcela, Noelia, Carla. Por ahí su amiga no es su amiga, es su prima, su mejor amigo, su hermano, la tía lejana.
Y sin ir más lejos del colectivo, Sofia (O Juliana), se alegra porque Pablo es de Sagitario y automáticamente se empuja a si misma fuera del colectivo línea 306 y coloca toda su confianza a veinticinco mil millas del planeta tierra, donde una ley invisible pero que grita bastante le dice que para el universo, Pablo y Sofia son un sí.
Pablo y Sofia. Sofia y Sebastian. Tatiana y Lucía. Maribel y Pablo. Esteban y Luciano. Romina y Lola. Romina, Lola y Alan.
Son nombres en bancos, perfiles en redes sociales, pies de fotos, invitaciones de casamiento, grabados en anillos, firmas en cartas, menciones de orgullo, anotaciones distraídas, confesiones al viento, confesiones a alguien, presentaciones formales, malas compañías.
Y entonces me alegro. Me alegro por Sofia y Pablo, por Sagitario y por como en un mundo con quinientos diez millones setenta y dos mil kilómetros cuadrados de superficie y cada vez menos humanidad, Pablo y Sofia coincidieron, fueron un sí. Me alegro por nosotros, por como el amor encuentra la misma cantidad de razones que la superficie de la tierra para salvaguardar la humanidad y unirnos, sanarnos, cambiarnos, duplicarnos, movernos, aumentarnos y otros varios y bien justificados “nos”. Me alegro porque a veces un abrazo cura más que un Ibuprofeno de esos hechos con mil máquinas y que mi vieja vende como milagrosos. Me alegro porque un beso a veces resuelve mejor que cualquier matematica, porque sentir causa un efecto más profundo que cualquier lógica y porque querer mueve más energía que todos los laboratorios de acá a la otra parte del globo terráqueo. Me alegro porque algún día, cuando este muy lejos del colectivo de la línea 306 y los años sean un peso que se lleve en el cuerpo y en las arrugas y en la conciencia cada vez más real de saber que la muerte viene despacito, pero más rápido que antes, una parte de mi muy especial va a decirme “Mamá”, y no importan los años, voy a sentirme más viva que nunca.
Me alegro por todas las Sofias y por todos los Pablos. Por los Esteban y los Ulises. Por los Emilianos y las Cecilias. Por las Agustinas y las Julianas. Y por último, y en realidad primero que todo, me alegro por vos y por mi, que en quinientos diez millones setenta y dos mil kilómetros cuadrados de superficie, pude encontrarte.

Por: Micol Ariana (Argentina)

instagram.com/micolariana


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