Divino calvario

El grandioso milagro inoportuno
nos convierte en el mejor juego de ases;
que, flemáticamente, en silencio,
agravia el vicio errado de los éxtasis venales.

La dulzura amargadamente sagrada
destruye la poca cordura carente;
que, con la astucia de nuestras mentes inocentes,
saciamos los cuerpos orgiásticos paulatinamente.

El elegante evento giróvago
disolutamente queda plegado en las manos;
entretanto nuestros ojos alcanzan el íntimo pecado,
que ha quedado urdido en el divino calvario.

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