Pendiente de un hilo

 

Un día cualquiera le hablaron de la vida, aquella que estaba harta de las prisas, de las idas, de las venidas, de los semáforos en rojo, de las luces en plena Gran Vía, de los cafés a las ocho de la mañana, de los sueños rotos y de observar deshechas tantas camas por la ausencia de esa multitud de cuerpos que se esfumaron al otro lado de las sábanas a la luz del alba.  Ella, desdicha que vio como más de uno se quitaba la piel a tiras, sin sentir daño, sin sentir vacío, sin sentir nada en absoluto. Y es que, cómo iba a sentir vacío si era murmullo en mitad de una estampida.

Ella desquiciada miraba como todo sucedía ante sus ojos, como si no hubiese pasado el tiempo, como si pudiese seguir balanceándose en aquel parque, como si pudiese seguir fingiendo, como si pudiese seguir permitiéndose pensar que algún día llegaría a volar, porque lo consiguió, llegó a rozar las tinieblas de aquello que nunca quiso ser y rozó las nubes de su profundo ser. Llegaron los recuerdos a su mente como un cubo de nostalgia, como un cubo de añoranza, como un cubo de aquello que quise y nunca fue. El tiempo, aquel que asusta, que oprime, que salva, que grita, que escucha… Aquel que acusaron por curar, pero a ella solo le permitía hundirse en sus heridas.

Él escuchó que ella dolía, que dolía de verdad, en lo más profundo, en lo más turbio, y sonrió entre sarcasmo, pues podía sentir, en gerundio, el torniquete que de un día a otro tuvo que ponerle a su corazón, creyendo remediarlo, creyendo curarlo. Entendió que existen ecuaciones que no se pueden despejar y ellos eran una de esas.

Ella, astuta, que te proporciona oxígeno para respirar y, sin embargo, permite la llegada a tus heridas de él para que te ahogue. Permíteme decirte, vida, que engañas como un animal lo hace a su presa, rápido, fugaz, con trampas y sin cartón. Permíteme recordarte que haces sentir libre y eso mismo hace que sea esclava. Haces sentir como el niño que trataba de coger la burbuja de jabón que otros crearon o el copo de nieve que al llegar a las manos se deshace escurriéndose entre los dedos,

Ella la vida, él la muerte; incógnitas sin despejar, problemas sin resolver.  Ella pendiente de un hilo, una voz en off con un único destino final: él.

Por: Estela Tarrazona (España)

lachicadelcarmin.blogspot.com.es


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Alescritor dice:

    Me encanta cómo escribes! 😮

    Me gusta

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