Soñando, te cumpliste

Me desperté como si de un sueño se tratara, esa sensación que sentía dentro de mí, hacía años que no la experimentaba. Cualquiera hubiera afirmado que horas antes dormía sobre mi cama o que era solo un sueño, pero yo, yo te diría que era tan real como las letras escritas en este texto.

¿Por qué la vida no podía ser como los sueños? ¿Tanto pedía? Nunca supe contestar a esa pregunta, hasta que te soñé… Cada noche creaba un mundo en mi cabeza, que en mi despertar no conseguía imaginar. Pero aquella noche, aquella noche fue real, o al menos a mi parecer. Porque cuando me desperté, sentía todavía la textura de tus labios en los míos. ¿Qué había pasado? ¿Había sido más que un sueño?

Aunque me hubiera gustado quedarme soñando más tiempo despierta, rememorando cada uno de los instantes del sueño; la vida real y la facultad me esperaban. Fui a clase, la verdad, nada interesante, más de lo mismo, solo deseaba que llegaran las 13:30 para salir y volver a mi burbuja, donde la imaginación y yo, éramos las únicas voces de mi cabeza. Pero al salir, allí le vi, no sé ni cómo ni por qué, pero tuve la extraña sensación de que conocía a ese chico que estaba a las afueras de la uni. Nunca lo había visto por allí, seguramente estaría de intercambio o algo, pero lo que sí me fijé es que llevaba la misma ropa que el chico de mi sueños: chupa de cuero, camisa blanca, zapatillas y pantalones rotos. No le di importancia a ese detalle, al fin y al cabo ahora vestían todos los tíos iguales, ¿no?

Salí pitando para casa, directa a coger el coche y salir de allí, pero cuando iba a guardar la mochila en el coche, noté que alguien me hablaba:

¡Hola!, he visto antes como se te caía la baba por mí. –Me giré un poco molesta, bueno, un poco no, pero al verle, vi que era él…

–¿Perdona? Tengo prisa, y no sé quién eres. Hasta luego –le dije sin más miramiento.

Me monté en el coche, pero inmediatamente vi que él hacía lo mismo, le vi sentado en el asiento del copiloto, como si de su coche se tratara.

¿Qué haces? –le pregunté con tono agresivo.

Esperando que me lleves a casa.

¿Yo? ¡No tendrás cara ni nada! Tengo prisa. ¿Puedes bajarte? –Mi cabreo empezaba a aumentar.

No –dijo con voz firme y burlona.

Sí. Y como no lo hagas, me voy a poner a gritar y diré que me estás acosando. ¿Te queda claro?

Clarísimo está como el azul de tus ojos, pero yo no me bajo, me dijiste que me ibas a llevar a casa. –Me puse a pensar, ¿cuándo le había dicho yo eso? Si lo conocía de apenas 5 minutos.

Bueno, vale –dije resignada, cuanto antes le llevara, antes se iría.

Durante el trayecto, no le dirigí ni una mirada, en cambio él tenía ganas de charlar, pero no gesticuló ni una palabra, ya que dedujo como estaba de la cara que llevaba.

Es aquí –me dijo sonriendo.

Pero yo no lo escuché, paré el coche, ese lugar me era conocido, aunque nunca antes había estado allí, pero mi mente me recordaba que yo había caminado por aquellas calles. ¿No os ha pasado alguna vez lo de ir a un lugar nuevo por primera vez y estar seguros de que ya habéis estado allí? Pues esa sensación tenía yo, en ese momento.

Me miró, y se dio cuenta de que algo me inquietaba, así que opté por ocultar mis pensamientos y largarme de allí cuanto antes. Le dije adiós, pero cuando iba arrancar el coche me di cuenta de que mi móvil no estaba, le miré y observé que estaba en su mano mientras sonreía.

Tengo prisa, ¿me lo das? –No me hacía gracia que me quitaran el móvil.

No.

Estoy siendo amable contigo, no me cabrees que te la lío.

Mmmm… ¡Qué miedo!

Sin pensarlo me tiré sobre él, dispuesta a coger mi móvil. Ya estaba harta de ese niñato.

Dos veces en menos de 24 horas te has tirado sobre mí. Aunque anoche, venías buscando otra cosa.

¿Anoche? ¡Pero de qué estaba hablando! Si había estado toda la noche en casa durmiendo. No sé cómo, pero me vino un flashback. Di una vuelta a mi alrededor para ver el lugar en el que me encontraba. Y ya sabía por qué me sonaba. ¡LO HABÍA SOÑADO ANOCHE! Sin querer lo grité, pero opté por ignorar que me había escuchado y decidí largarme.

Sé que ya sabes de que hablo, tú misma lo acabas de gritar.

Subí al coche, arranqué y me fui. Cuando llegué a casa ya eran pasadas las 4 de la tarde, por lo que no tenía ganas de cocinar, así que decidí echarme una siesta. Había sido un día extraño y solo quería desconectar de todo y descansar.

Al cerrar los ojos, le vi, con más nitidez que nunca, al niñato que me acaba de coger el móvil, el mismo que se había montado en mi coche sin mi permiso. Vi que se acercaba y me besaba. Y con ello me decía, ¿qué pasa que en la vida real no te atreves a besarme? ¡No me lo podía imaginar! ¿Qué había pasado? ¿No podía ser el mismo chico?

El despertador sonó, y con ello un nuevo día amaneció.

Por: Edelsteine (España)

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Uffd que buena historia, yo no me atrevería a besarle en la vida real porque tal vez perdería totalmente el control, jiji disculpa lo aplique al amor de mi vida.

    Le gusta a 2 personas

    1. Edelsteine dice:

      jaja, un placer saber tu opinión

      Le gusta a 1 persona

  2. Buenísimo!
    Me disfrute el sueño doble.
    Abrazote

    Le gusta a 1 persona

  3. Edelsteine dice:

    Reblogueó esto en edelsteiney comentado:

    ¡Espero que os guste!

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  4. heyyuge dice:

    Me encantó, saludos!

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