Mis Muñecos

Podría contarte todo
lo que me permitiera el silencio.
Hablarte de todos mis amores
y desengaños.

Detallarte la lista de tíos
que probaron mis labios,
liándose con su lengua
entre mis flaquezas.

Hablarte de besos,
y también de abrazos.
O de esas veces en que el amor
no es nada más
que un calentón de portal
y dos manos que se buscan
y se encuentran con nocturnidad.

Decirte algo de todos ellos.
Si tenían los ojos azules o negros.
El cabello rubio o moreno.
Y las ideas lisas u onduladas.

Comentarte la profundidad
de las charcas de su alma.
Si eran serios o de los que creían
que al amor se llega todo recto
por el camino del humor.

Predicarte  todas sus virtudes.
Criticarte algún que otro defecto.
Y susurrarte esos silbidos
con suspiros cincelados por afecto.

Posicionarlos en un ranking
y comparar sus cualidades.
Montarme un certamen de ex amores
desde un cristal ahumado por el tiempo
e investigar así cuáles fueron nuestros fallos
observándolos juntos y revueltos
en una diligencia de reconocimiento en rueda.

Puntuar a fulano con seis puntos.
Y penalizar a mengano con dos menos
por esa individualidad tan suya
difuminada entre la débil línea
que separa al ególatra del egoísta.

Hacerme un Frankenstein de sus retales.
Para quedarme con lo bueno
y olvidarme de lo malo.
Y así jugar al vudú con mis muñecos
durante las inacabables alboradas
en las que me siento fría y sola.

Podría también hablarte
durante más de una hora
de todos y cada uno de ellos.
Y en una única hora contarte cómo conocí
a aquéllos que me sirvieron de pañuelo.

Mentirte y decirte que todos me importaron…
Admitir que a alguno le di
aposta y mal
mi número de móvil.
O que otros nunca me llamaron.

Señalarte que al frío de la noche
la mayoría eran mejores
que al calor del mediodía.
Pues más de uno al contacto
con los cantos de la alondra
voló lejos al país donde se mudan
las estatuas esculpidas en salinas.

Ponerme ñoña al recordar alguna cita.
Llorarte un poco al remover ciertas escenas.
Enumerar cuáles eran sus edades.
Desde el que era más pequeño
hasta el que, quizá, me sacaba quince años.

Hablarte de noches,
de paseos desde la madrugada hasta la luna.
Afirmarte que las distancias cortas
son las más peligrosas.
Pero que el peligro aguarda
detrás de cada esquina.

Olvidarme de alguno
de los que mandé a la mierda.
Y de algún otro al que besé
sólo por jugar a lo prohibido,
para al día siguiente poder
arrepentirme en mis pecados.

Contarte quiénes fueron más hábiles
marcando gol en propia portería,
o quién de penalti me hizo creer
que volaban mariposas.
A quién le desconté la prórroga
y cuántos caducaron cual pan blanco
enmohecido por el rocío de la aurora.

También que por alguno intenté
resucitar a las crisálidas;
pero nunca pude y aboné mi corazón
con el cadáver de un gusano
que dejó mis tierras labrantías en barbecho.

Callarme quién era mejor
debajo de las sábanas.
O cuál de esos amantes
atormentó los truenos de mi pecho
hasta transformarse en un amor solo de techo.

Relatarte alguna escena ataviada
con matices morbosos
y destellos pasionales.

Transformar los hechos en derechos
y abrir en mis renglones una brecha
en la que todos seamos sospechosos
hasta que alguien demuestre lo contrario.

Podría hablarte de tantas cosas.
Decirte los nombres de unos cuantos hombres.
Indicarte que todos tenían algo en común.
Pero que, por suerte o por desgracia,
ninguno se parecía al otro.

Podría contarte mil historias.
De ésas que pican la curiosidad.
Resucitar a una parte del pasado
y escribirte un par de letras rubricadas
cualquier noche por falta de inspiración.

Podría, te repito que podría.
Pero no lo voy a hacer.
Porque me gusta dejarte con la duda.

Confundirte y que no sepas bien
si te hablo de fantasmas o personas.
Si son de carne y hueso
o solamente personajes.

Si te narro historias
o tan sólo invento cuentos.
Si hay algo de verdad en lo que escribo.
Si hay algo de mentira en todo lo que callo.

Podría contar todo lo que quisiera
en una sucesión de caracteres infinitos.

Pero, disculpa, no me apetece hacerlo.
Porque si hay algo que aprecio
es el silencio.

Y no lo romperé en detrimento
de ninguna de las personas
que, aunque solo una vez,
me cogieron de la mano.

 

©Registrado en Safe Creative Código #1608232137830 y publicado en maruspleen.wordpress.com como #176.

 

Por: María Eugenia Hernández Grande (España)

maruspleen.wordpress.com


Únete a nuestras redes:

facbook             twitter-icon-circle-logo             instagram-icon-3cd2e3790075e545be9ea3a14fe12baf             tumblr_256             social_youtube_63

Anuncios

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mabeletras dice:

    Me encantó!!!!

    Le gusta a 1 persona

    1. MaruSpleen dice:

      😊😊😊 millones de gracias Mabel, todo un honor! Un abrazo!

      Me gusta

    1. MaruSpleen dice:

      Cuánto me alegro, millones de gracias por leer y comentar 😊 un abrazo!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s