Tiritas

Apenas se conocían, mantenían la simpatía.  Las horas pasaban, bastante educadas. Cada uno tenía su historia, compuesta de fragmentos. Muchos de ellos ponzoñosos, otros sanos y la mayoría mal curados.  No pretendían nada, solo pasaban el tiempo que marcaba aquel horario.

Siendo paranoico quizás sí había algo, en los pequeños gestos. Siempre tan coquetos pero sutiles, en el suficiente punto para no pensar nada. No había nada que pensar, sus vidas seguían.

Aquel día no tenía nada de especial. Ni si quiera corría brisa fresca, un día más en el calendario mensual. Hasta que empezó a hablar, yendo más allá de lo que se apreciaba. Mientras escuchaba se daba cuenta de lo que se parecían, ella se sorprendió al escucharle. Al escuchar a un desconocido moderadamente conocido.

La historia de él, era la clase de historia de tenerlo todo para perderse en sí mismo.

La historia de ella, era la clase de historia de quién se había perdido a sí misma y se había encontrado.

Ambos eran el complemento circunstancial perfecto para su sintagma verbal.

Podría haberse quedado en eso, es una conversación de desdichas pero ella decidió tenderle la mano. La mano que tiempo atrás a ella le tendieron y le permitió seguir siendo ella. Siempre ella. La mano altruista, que nada pidió ni nada tuvo pero que bien hizo. Su esperanza en la humanidad.

Por eso ella le escuchaba, con cierta ternura. Dejándole ver que no estaba solo, que no se perdiera así mismo por más sencillo que fuera,pues perderse a sí mismo es la derrota más grande jamás vivida por uno mismo; la reconquista era muy dura.

En algún momento de la conversación, ella decidió sacarle una sonrisa:

-Sabes, los besos en el rostro me parecen groseros. Suelen ser sonoros y hay quién deja un poco de saliva. Son horrorosos…

-¿Entonces qué? No vas a ir dando la mano… es un poco soso.

-No, doy abrazos. Abrazos de verdad. Prefiero eso, a besos de mentira.

Cada uno volvió a su quehacer, cuando terminó el turno llegó la despedida. La chica iba a despedirse con un gesto en el aire pero él le dijo, sonriente:

-Dame un abrazo, ¿no?

Ella le devolvió la sonrisa y se lo dio. Un abrazo balsámico, taponando heridas cual tirita,  que sellaba el principio de una corta o larga amistad. ¿Qué más daba? ¿Cuándo habían conseguido cicatrizar un poco del pasado? ¿Qué importaban cuando por unos instantes habían sido ellos y nada más?

Por: Verácida (España)

mecanicairracional.wordpress.com


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Un comentario Agrega el tuyo

  1. meryeinyel dice:

    Muy bello , me ha encantado .
    Cálidos Saludos 😊

    Me gusta

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