—¿Conservas todas las que te escriben?
—No, solo aquellas de quienes me aman verdaderamente.
—¿Y cómo demonios sabes eso?
—Sencillo: las dejo en la cesta que está junto a la ventana y luego la abro de par en par… Aquellas que se las lleva el viento es porque son palabras que nunca debieron decirse.




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