Estaban todos reunidos alrededor de la piedra. El habitáculo carecía de ventanas y la escasa luz que iluminaba sus lúgubres tertulias era la que se filtraba por las grietas de la tierra que los cobijaba. La humedad calaba su osamenta y el olor a tierra mojada y podredumbre lo impregnaba todo. Había muchos lugares como aquel esparcidos por el planeta, pues por desgracia, la barbarie no entiende de fronteras y la historia,cizañera, tiende a repetirse.
Todos los allí hacinados llevaban una historia a sus espaldas y el vacío doliente que deja un disparo certero atravesado en sus costillas.
Aún se mantenía fresco en sus memorias el recuerdo de aquellas trece niñas a las que asesinaron a tiros al otro lado del mundo. Pero ellos, inocentes colegiales de lápices nictófilos, no eran conscientes de que, casi cuatro décadas después, habían corrido la misma suerte.
Marzo 2017



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