Fragmento de una Historia de Amor II

La verdadera y completa historia de esos días que no supe de ti.

Si, ya hablamos de esto, ya paso el tiempo, ya pasamos la página a este cuento, pero, obviamente no te lo conté todo… ¿Por qué?…pues, porque es muy revelador en cuanto a mis sentimientos y porque escribiéndote así, es como te hablo mejor…

Y ni te asustes con eso de los sentimientos, sé que sabes perfectamente lo que siento por ti, aunque nunca te lo haya dicho, lo sabes porque lo sientes, no necesitas explicación para eso… aunque si la ocupas después te escribo sobre eso…

Todo esto no te lo dije en la pasada conversación, no por miedo, sino más bien, porque al verte me pierdo, dejo de ser y comienzo a sentir y las palabras simplemente ya no desean salir, mi corazón toma el 90% del control de mi cuerpo y a él no le importa hablar de esto, él solo quiere sentirte cerca y brincar, saltar, cantar de emoción de tener un momento junto a ti, el otro 10% lo tienen; la mitad mis ojos para disfrutarte y la otra mitad mi cerebro para seguir ejecutando funciones básicas como respirar, mantener el equilibrio y parecer una persona normal. Sí, a veces fallo un poco en eso último.

Lo que quiero decir no es fácil, tal vez por eso tanto rodeo.

Ni sé por dónde empezar…

Verás… dolió, dolió no verte, no saber si acaso estabas bien, dolió y duele aún al recordarlo, quizá también por eso evitaba estas letras, no solo no saber dolía, dolía pensar que no estabas bien y yo aquí sin saber, sin poder hacer nada, sin poder tocar tu piel o ver tus ojos, sin saber si la última vez que te besé sería la última vez que lo haría, bueno sí, mi mente a veces se pone un poco dramática, pero y ¿si lo fuera?

Fue como estar en un vacío, cayendo a un abismo, desesperadamente buscando a qué rama aferrarme para no seguir cayendo… nada de todo lo demás importaba ¿sabes cómo?, estás cayendo a un vacío por Dios, realmente ¡nada importa! Vas cayendo a quién sabe donde, no te preocupas si dejaste la estufa prendida o si no has pagado la renta…solo piensas en sobrevivir…

El primer día me aferre al susurro de tu voz, no permití que mi mente ensuciara la situación con sus miedos y traumas, todo fue bien.

El segundo día mi mente tomo el control casi por completo, la preocupación surgió y mi mente divagó y divagó, lejos fluyó de mi control… prendí una velita, de esas que regalan un pequeña llamita de esperanza, y esperé y esperé… practiqué mi paciencia…

El tercer día me desesperé, necesitaba algo, una buena o mala noticia, algo, lo que fuera, rogaba por una palabra… y de alguna forma la obtuve, me tranquilicé, pero quería más… me dolía pensar que algo te hiciera sentir mal en cualquier nivel de tu ser, me daba coraje no poder hacer nada y hasta pedí que ese dolor me pasara a mí y no a ti…ni siquiera puedo imaginarte sufriendo sin sufrir por eso, no, no quiero que te pase nada que te hiera, que te duela, porque me hiere y me duele también.

Había una esperanza y luz en mi alma porque sabía que lo único que podía hacer era más poderoso que cualquier otra cosa, así que lo hice, oré, con toda mi alma y todo mi ser, por ti y por los tuyos y aproveché para pedir por mi adolorido corazón también.

El panorama se aclaró un poco después.

El cuarto día fue mejor, recuperé el aparente control y las nubes se despejaron, los mensajes por fin llegaban normalmente de nuevo y escuché tu voz, no tu voz tu voz, sino, la de tu alma, esa que me habla por las noches y madrugadas y me dio esperanza aunque mi mente no la registraba.

El quinto llegó y caminaba con miedo, esperanza y una nube sobre mí, y te vi, ¿cómo te explico lo que sentí? Si aún al recordarlo mi cuerpo produce el mismo efecto, mi corazón saltó más alto que nunca, se me quería salir por la garganta y ella muy lista hizo un nudo para que no se saliera, mis ojos se nublaron con agua que no debía salir, aunque para ser sincera aún en este momento, quizá una traviesa lagrimilla logra escapar, agradecí al cielo y a todos los dioses, aztecas, griegos, egipcios, de todo el mundo, de todos los mundos, a los santos, ángeles, arcángeles, serafines, querubines, hadas, duendes, dragones, unicornios y demás seres espirituales que conozco, y a los que no conozco también, de todas las religiones que existen y han existido siempre, agradecí a las nubes, a las estrellas, al sol que aún ni salía, a la luna que nos sonreía y a la tierra que nos reunía, al agua, al viento y al fabricante del coche que te trajo hasta aquí, mi mente y mi corazón no sabían qué hacer, la verdad ni siquiera sé como camine hacia ti, ¿o corrí?, necesitaba abrazarte y recoger todas las piezas que se habían caído, unirlas fuertemente y pegarlas de nuevo, piezas que se cayeron de mí, no de ti, creo que yo estaba más desecha que tú, ese abrazo, ese abrazo se merece su propio poema, te abracé con mi cuerpo, con mi alma, con mi corazón, con toda mi piel, con la luna y las estrellas, con mis manos y todos mis dedos, con mi cabello, con mi voz que no salía por el nudo, con mis lágrimas que no dejé que escurrieran, te abracé como para que nunca me olvidaras, como para saber si eras real y que supieras que apenas sobreviví a tu ausencia, te abracé con todo mi amor, con tanta ilusión y tanta pasión que creo, que el mundo se acabó y renació, llore por dentro de emoción, de felicidad, de amor, de tranquilidad, de por fin saber y ver que ¡estabas bien!

Duró apenas unos segundos, debíamos guardar la compostura, pero mi cuerpo no lo entendía, seguía temblando y rogándome abrazarte de nuevo solo para comprobar que fueras tú, que fueras real y que estuvieras ahí, eso fue todo, iluminaste el día con tu presencia, con verte de nuevo, con calmar a mis demonios internos que clamaban sentir tu alma de nuevo.

Hubo tantas emociones y sentimientos chocando y revoloteando alrededor de mí todo el tiempo, pero cuando te vi, automáticamente todos se esfumaron o se condensaron en uno solo, en realidad nada importaba, nada, ni cuánto tiempo pasó, ni si podías haber avisado o no, ni si mi mente voló o aterrizó, mucho menos si me corresponde o no sentir tanto como sentí, si debo o no, si es correcto o no, si debes saberlo o no, si lo entenderías o no, NADA importó, solo que estabas ahí, bien, abrazándome, era todo.

Aunque…
La verdad, sigue doliendo un poquito, porque, puede ocurrir de nuevo, y no tengo ni la forma ni las armas para defenderme de eso y tengo miedo, tengo demasiado miedo.

Por: Lily Guajardo (México)

lilyguajardo.wordpress.com


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