Romance al falso revolucionario

Galopa el caballo blanco.
Como flechas los jinetes
cortan el viento en sus huellas
disipando el campo verde.
Un sable negro se empuña
en las manos del valiente.
El cobarde canta al gallo
y el gallo canta a su muerte.
Los caciques ya se esconden
en las luces de poniente.
Sedimentos en sus manos,
manos de hombres y mujeres,
manos llenas de la tierra
que cada día remueven.
Al caer la noche firme
desde el sur de Murcia vienen
para gritar inconformes
a los que llaman serpientes.
Sus pasos de sombra triste
se adornan con los laureles.
Dejan estelas de pena,
de revolución ausente,
estelas de los soldados
que combaten en los frentes.
Se politizan los mudos
y niegan que también muerden.
El campo lleno de espigas
y el cielo de azul celeste.
En su guerra habitan todos
y solo están presentes
los que se pronuncian bastos,
callan y hablan por la gente.
Alzan el puño a las nubes
con nudillos relucientes.
Entre cabezas un buitre
se refugia de la nieve.
Hace frío en la ignorancia
y el hielo ya palidece.
Prosigue el guerrero sabio
el paso de agua y aceite.
Tirando piedras al mar
nunca se pescan los peces.

 

Por: Jesús Pacheco Pérez (España)

instagram.com/jesuspachecoperez


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